Economía
DOLARIZAR LA ECONOMIA, EL NUEVO PARADIGMA
STEVE HANKE Y SU PROPUESTA DE DOLARIZAR LA ECONOMIA
Steve Hanke, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, e investigador del centro de estudios CATO Instituto en Washington, D.C., insiste, en que la solución para la Argentina es dolarizar la economía.
Sirve aclarar, que dolarizar no es lo mismo que convertibilidad.
En la convertibilidad, en el pasado reciente, el Estado Argentino garantizó que un peso era un dólar. La convertibilidad, es un sistema monetario que fija el valor de una moneda con el de otra considerada más estable (generalmente el dólar o el euro u otro como el patrón oro, por ejemplo).
La dolarización, es el proceso por el cual un país adopta, de manera oficial o extraoficial, la moneda estadounidense para su uso en transacciones económicas dentro del país.
La dolarización, implica tener los dólares suficientes para solventar el desenvolvimiento en las funciones económicas. Ahora bien, si se tienen los dólares necesarios como para cumplir con las necesidades emergentes, reserva de valor, unidad de cuenta, medio de pago, cuenta capital, desaparece entonces el motivo de dolarizar. Esta es la paradoja.
Por otra parte, dolarizando se resigna la soberanía monetaria.
Impulsar la dolarización nos parece una idea reduccionista, de pereza intelectual, para evitar trabajar con ahínco en la búsqueda de respuestas de alta complejidad a un problema endémico, la debilidad estructural del peso. Este reduccionismo nos lleva, en principio, a la pérdida del poder político que nos debemos como Nación Soberana.
Esto no quiere decir que Steve Hanke no tenga razón, en cuanto a que el peso moneda nacional esté degradado, devaluado y no cuente con la confianza que requiere una moneda. Demasiados ejemplos del pasado y la propia crisis actual así lo demuestran.
Identificar las cuestiones de fondo que llevaron a esta degradación, es imprescindible para poder aportar ideas que estén en línea con soluciones útiles y razonables.
Antes, queremos hacer mención a una expresión de deseos “ahorrar en pesos”, del ministro Martín Guzmán.
En nuestro trabajo “Soberanía Monetaria”, publicado en El Tribuno de Tucumán y El Tribuno rosarino digital”, nos ocupamos de lo dicho por el señor ministro, afirmando, que era una idea voluntarista cercana a la utopía, dada nuestra propia historia y que, en el caso de que alguna vez se pudiera alcanzar, llevaría muchos años y esfuerzos que bien podrían se podrían destinar a solucionar otras urgencias.
Aclarado esto, volvemos sobre los diagnósticos:
a) Falta de disciplina fiscal. Acudir a la respuesta fácil de la emisión para solventar las necesidades de todo tipo que se le presentan a los gobiernos en el transcurso de su gestión, nos parece, cuanto menos, indolente, falta de contracción y de responsabilidad. Así ha sido en el transcurso de muchos gobiernos y de distinto signo político. La doctrina enseña que, cuando por cuestiones excepcionales (guerras, la actual pandemia) se hace uso de la emisión, luego hay que proceder a rescatarla de alguna forma inteligente, que no obre en contra de la economía y las fuentes de trabajo.
b) El concepto internalizado por parte de quienes gobiernan de que la emisión no genera inflación.
c) No contar con una moneda fuerte de referencia, emitida por el Estado.
Los puntos a) y b) son relativamente fáciles de modificar, si quienes ejercen la gestión de gobierno tienen la suficiente autoridad delegada por la ciudadanía y firmeza de convicciones.
Sobre el punto c) no contar con una moneda fuerte de referencia emitida por el Estado, ha generado que las personas y las empresas, tratando de evitar la pérdida de valor, fueran y vayan detrás del dólar.
Esto ya se ha transformado en una cultura, desprenderse de los pesos y pasarlos a dólares, con lo cual, se desvanecen los esfuerzos que se hagan
desde la gestión, para construir un mercado de capitales. Todos los excedentes de la economía que deberían formar ese mercado se encuentran en dólares, en el extranjero, en el colchón o en las cajas de seguridad, da lo mismo, no están disponibles para ese fin.
Por más ahorros que se logren, desde el campo privado o estatal, éstos finalmente se perderán a través de los agujeros del colador, el paso de pesos moneda nacional a dólares. Así no hay modo de hacernos de un mercado de capitales, para realizar las inversiones imprescindibles que apuntalan el desarrollo y también para consolidar la cuenta capital, paral hacer frente al pago de las importaciones y los compromisos de deudas externos.
La acumulación de capital aquí no se cumple.
La riqueza producida se filtra a otros destinos exógenos. Se desvanecen los principios del sistema capitalista.
Esta forma de actuar de las personas y las empresas, de preservar el valor de sus activos, no es un acto perverso, subversivo, sino una reacción natural instintiva de supervivencia frente al hecho de perder el esfuerzo realizado.
Las acciones destinadas a modificar esta realidad, tienen que estar basadas en el principio de la libertad absoluta de poder optar por el interés que más convenga. Sin el aseguramiento de esta libertad, todo esfuerzo está destinado al fracaso, como así lo atestigua nuestra historia pasada y la realidad actual.
Las soluciones pasan, entendemos, por ofrecer un producto de más calidad y excelencia que compita sanamente frente a la oferta del dólar u otra moneda y que, además, este producto sea emitido por el Estado preservando el poder de soberanía de las acciones de gobierno.
La emisión por parte del Estado de un peso fuerte, el peso oro, con valor intrínseco y extrínseco, cuestión que ya hemos abordado en detalle en nuestro trabajo “Peso Oro” publicado por el Tribuno de Tucumán y el Tribuno rosarino digital, nos exime de extendernos sobre el tema en esta nota.
La alternativa de la emisión de un peso fuerte por parte del Estado Argentino contiene los siguientes beneficios: la independencia monetaria de otras divisas, hoy el dólar, mañana el renminbi, pasado el euro, etc.; qué de implementarse de forma correcta con acuerdo del Congreso, el gobierno no podrá disponer de esta moneda para gastos corrientes, únicamente para los objetos determinados por la ley, por ejemplo, obras de infraestructuras; qué como resultado de ello, el gasto realizado en obras públicas generará un retorno en concepto de impuestos del orden mayor al 30%, fortaleciendo la recaudación; que no tendrá que ser rescatada, pagar intereses ni generar ningún gasto al estado por la emisión; qué si se obra con habilidad, prudencia, idoneidad en su aplicación y puesta a punto, tendrá el efecto de un Plan Marshall para la Argentina.
Nuestra humilde opinión es que la dolarización o la utilización de otra moneda extra nacional, no es la mejor ni la única opción. Tampoco una nueva convertibilidad.
Lo cierto es que algo hay que hacer antes de caernos al abismo.
Ricardo Bianchi Dra. Costanza Bianchi