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Milagro en Japón: rescatan intacto un fuego sagrado de 1.200 años tras el incendio de su santuario

El histórico salón Reikado, ubicado en la emblemática isla de Miyajima, quedó completamente reducido a cenizas. Pese a la magnitud del siniestro, los equipos de emergencia lograron poner a salvo la legendaria «llama eterna» antes del derrumbe.

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Un devastador incendio forestal o estructural —cuyas causas aún se investigan— destruyó por completo el icónico salón Reikado del complejo Daishoin, uno de los epicentros budistas más sagrados y visitados de la prefectura de Hiroshima, en Japón. A pesar de que las impactantes imágenes viralizadas en redes sociales mostraban al edificio envuelto en una densa columna de humo y llamas ingobernables, las autoridades locales confirmaron un hecho calificado como milagroso: el fuego ceremonial que permanecía activo desde el siglo IX fue evacuado a tiempo y se encuentra bajo resguardo en un lugar seguro.

El siniestro se desató durante la mañana del miércoles en la isla de Miyajima, un paraje reconocido globalmente por su altísimo valor patrimonial, espiritual y turístico. Afortunadamente, los servicios de emergencia de la región ratificaron que el incidente no dejó víctimas ni personas heridas, focalizándose los daños únicamente en el plano material e histórico.

El misterio del origen y un legado intacto

La policía y los peritos de bomberos trabajan contrarreloj para determinar qué provocó las llamas. Paradójicamente, una de las hipótesis iniciales que manejan los investigadores es que el propio fuego sagrado custodiado en el recinto pudo haber sufrido un accidente que desencadenó la catástrofe.

Conocida tradicionalmente como Kiezu no Hi, esta mística llama eterna fue encendida originalmente en el año 806 por el célebre monje Kobo Daishi (fundador de la escuela Shingon de budismo). Desde entonces, el fuego se había mantenido encendido de manera ininterrumpida durante casi doce siglos, atrayendo a miles de fieles y parejas que consideraban al lugar el «santuario de los enamorados» por sus supuestas energías para el amor eterno y la sanación.

Más allá de su incalculable peso religioso, este elemento posee un profundo simbolismo geopolítico y social: parte de esta misma llama fue la utilizada para encender la «Llama de la Paz» en el Parque Memorial de Hiroshima, el monumento que recuerda a las víctimas de la bomba atómica de 1945. Es por esto que, mientras los expertos lamentan la pérdida arquitectónica de un templo milenario, la comunidad global celebra que el núcleo de su memoria histórica haya sobrevivido a las cenizas.

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