Sociedad

Rosario se vistió de luto ricotero: emotivo homenaje al Indio Solari en el Monumento a la Bandera

Tras conocerse la triste noticia de la muerte del máximo ícono del rock argentino a los 77 años, miles de fanáticos se autoconvocaron a orillas del río Paraná. Entre lágrimas, banderas, cánticos de tribuna y guitarras acústicas, la ciudad santafesina le dio el último adiós al líder espiritual de multitudes.

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La tarde de este viernes 5 de junio quedará marcada en la memoria colectiva de Rosario. Pocas horas después de confirmarse el fallecimiento de Carlos Alberto «El Indio» Solari, el dolor inicial mutó rápidamente en una celebración colectiva de su legado. Miles de fieles seguidores se congregaron en las inmediaciones del Monumento Nacional a la Bandera para llevar a cabo lo que mejor saben hacer: una auténtica e improvisada «Misa Ricotera».

El legendario compositor y cantante, nacido en Paraná y consagrado en La Plata, falleció a las 8 de la mañana tras años de batallar contra el Mal de Parkinson, enfermedad que lo había alejado definitivamente de los escenarios masivos en 2016. A pesar de que su estado de salud era delicado, el impacto de su partida física sacudió las estructuras de la cultura popular argentina y desató movilizaciones espontáneas en los principales puntos del país.

El rugido de un sentimiento heredado

Pasadas las 18:00, mientras se descongestionaba una movilización social previa en el sector, los fanáticos coparon el parque lateral del Monumento. El pasto se cubrió de banderas con frases icónicas, remeras de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y abrigos de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. El ambiente, lejos de ser puramente fúnebre, emulaba las previas de aquellos míticos e históricos recitales que movilizaban provincias enteras.

La música brotaba desde todos los rincones. En algunos sectores se armaron rondas de adolescentes con guitarras criollas interpretando los acordes clásicos; en otros, potentes parlantes portátiles hacían sonar las versiones de estudio, alternadas con cánticos colectivos que hacían temblar el cemento.

«Para mí el Indio es todo. Me crié solo y sus letras me salvaron en los momentos más oscuros. En la calle te identificás con cualquiera que lleve su remera», relató visiblemente conmovido Raúl (45), un fanático histórico que lucía un piluso con la estampa del cantante y que asistió a decenas de shows a lo largo de su vida.

De generación en generación

El fenómeno ricotero demostró en Rosario que no tiene fecha de vencimiento y que el traspaso generacional es un hecho innegable. Familias enteras compartieron mates, cervezas y fernet en un ritual de despedida y agradecimiento.

Lisandro (45) asistió al homenaje junto a su pareja Carla. El hombre, que escucha al Indio desde los 12 años, expresó su profunda tristeza: «Siento que se me fue un pedazo de mi propia historia. Él ya estaba sufriendo mucho por la enfermedad, pero nos queda su obra, que es inmortal. Hoy se termina una era para el rock nacional». Carla, por su parte, bromeó con cómo la devoción de su marido contagió a todo el entorno familiar, al punto de recibir mensajes de condolencias de sus propios parientes como si se tratara de un familiar directo.

Unos metros más allá, las hermanas Lara (17) y Zaira (20) representaban la renovación del mito. Ambas adoptaron esta pasión gracias a su padre. «Desde chicas, los domingos en mi casa eran sinónimo de asado en familia y escuchar al Indio de fondo. Esto no es solo música, es un movimiento social y popular. Acá ves a la gente y entendés que el Indio es el pueblo», reflexionaron.

Anécdotas de barro y pasión

El encuentro también sirvió como catarsis para revivir viejas travesías de ruta. Entre los presentes, los relatos de viajes eternos en colectivos repletos, zapatillas perdidas en el barro de Gualeguaychú y pogos monumentales en Olavarría se multiplicaban en cada grupo de amigos.

Al caer la noche, el Monumento a la Bandera quedó envuelto en una mística única. Faltaba el imponente escenario y ya no estaba el maestro de ceremonias en escena, pero las miles de almas presentes dejaron en claro que, aunque el Indio Solari haya pasado a la inmortalidad, su voz y sus canciones seguirán sonando eternamente en cada rincón del país.

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