El señor Ministro de Hacienda, Martín Guzmán, ha reiterado en distintas oportunidades la
necesidad de que Argentina tenga “Soberanía Monetaria”
Comencemos por definir Soberanía Monetaria, “como el poder económico que posee un
Estado de emitir su propia unidad monetaria”.
Guzmán, de sólida formación académica, poseedor un marco conceptual de primer orden,
define de esta manera las prioridades pos pandemia y pos arreglo con los bonistas
extranjeros.
Va de suyo que a este primer avance le suceden innumerables cuestiones para agregar pero,
es sabido que al conocimiento como a la verdad, tanto en disciplinas duras como la Física,
y también en la económica, se llega fragmentariamente, por aproximación, o como se
instaló deportivamente en el acervo popular, paso a paso.
Dicho esto, en total acuerdo con las ideas del señor Ministro, y citándolo “Sin soberanía
monetaria, sin una moneda propia, no hay posibilidades de poder generar las condiciones
para el desarrollo económico y social”, nos parece necesario hacer una pequeña reflexión
sobre otra de sus expresiones “ahorrar en pesos”
Los primeros comentarios generalizados que se recogen sobre esta última propuesta de
“ahorrar en pesos” no acompañan a esta expresión de deseos de las autoridades y no les
falta razón a los opinantes, más allá de la posición ideológica que sustentan.
Lo cierto es que la historia nos dice que el comportamiento humano se manifiesta, con
respecto al ahorro, de diversas maneras; ahorro en tierras, en ladrillos, en oro, piedras
preciosas, acciones, bonos, títulos, etc., pero en lo que respecta a la combinación del ahorro
con liquidez para poder realizar la compra y venta de bienes transables las opciones se
reducen a muy pocas.- En nuestro país mayoritariamente a dos, dólar y pesos.- La de pesos
porque es nuestra moneda de curso legal y el dólar porque está instalado en el mundo y
particularmente en la Argentina como un bien de respaldo, resguardo de ahorro y que nos
resulta fácil convertir.- La historia del peso, lamentablemente, no ha sido buena ni mucho
menos.- Es demasiado conocida como para abundar en otras consideraciones. La del dólar,
a pesar de su aparente firmeza, si analizamos el ratio desde el patrón oro a la fecha,
tampoco es una medida de ahorro. Desde el momento que se abandonó el patrón oro y se
optó por el dólar fiduciario, el dólar se devaluó ochenta y cinco veces a los precios del oro
hoy. No podemos decir que fue una buena perfomance.
Así las cosas, y entendiendo que las autoridades del gobierno no pueden opinar de otra
manera que la de incentivar el ahorro en pesos, nos parece que volver a insistir en ahorrar
en pesos es una tarea titánica de difícil realización, que genera gastos de energías en
esfuerzos estériles y que, en caso de lograrse, tardaría muchísimos años en estabilizar la
moneda.
Los momentos de crisis profundas como en el que nos encontramos, por cuestiones
exógenas, la pandemia, y otras endógenas, nuestro comportamiento político, financiero y
económico, nos habilitan para usar nuestra imaginación, nuestra iniciativa, prender el chip
de supervivencia que portamos del principio de los tiempos.
La conducta que tenemos frente a la moneda, el peso y dólar ya que somos bimonetarios,
es la de tener la libre disposición de poder optar según nos parezca o nos convenga por
aquello que nos garantice la cobertura de nuestros ahorros. Cualquier atadura o condición
es automáticamente rechazada, está en nuestros genes. Hacer buen uso de esta libertad no
solo es posible sino francamente deseable
Querer direccionar otro comportamiento opuesto a lo expresado no sólo es una pérdida de
tiempo sino también garantía de fracaso. Comprenderlo no es tan difícil, bastaría consultar
a las personas de nuestra cercanía para rescatar sus opiniones.
Esto último, en lugar de ser un obstáculo, tiene que ser totalmente admitido por las
autoridades y aprovechar tal circunstancia para volver a favor las condiciones adversas.
Creemos que es momento de hacer algo distinto, poner a consideración de las personas y
las empresas la creación de una moneda fuerte que, en el libre juego de elección, puedan
optar entre la moneda fuerte, el dólar y el peso.
Con esa idea en perspectiva proponemos la creación de una moneda con valor intrínseco y
extrínseco que por su calidad y excelencia incline la balanza en su elección.
Esta moneda fuerte, cuyo desarrollo hacemos en un trabajo mucho más extenso que el
presente y ponemos a consideración de quien lo solicite, nos permite terciar en nuestra
costumbre bimonetaria.-
A modo de síntesis diremos que esta moneda fuerte, tendría la virtud de combinar las
expectativas que demanda el mercado, valor de reserva, una parte de valor en sí misma, y
otra fiduciaria, conformada por canasta de monedas. Con las siguientes funciones: que sirva
como moneda transaccional, pago de impuestos, que se pueda emitir con las leyes y
disposiciones argentinas, formación de mercado de capitales, instrumento de pago para
operaciones inmobiliarias, estímulo para operar en un mercado secundario, etc.
En consonancia con los dichos del señor Ministro” porque algo que también necesitamos
recuperar es del desarrollo del mercado de capitales propio. Tener confianza en nuestra
propia legislación, que Argentina pueda tener activos en monedas domésticas”
Hoy el mundo debate ideas sobre cómo será la economía y las transacciones internacionales
después de la pandemia.- Se impulsan opciones como la de las criptomonedas, lo cual son
muy válidas pero de difícil llegada a la gran mayoría de las personas por ejemplo, hoy no
podemos ir al super y pagar con criptomonedas. En nuestro caso y en nuestro país todavía
creemos que por mucho tiempo y por muy diversas razones, nos manejamos con realidades
tangibles.
Estamos acostumbrados a ver, a tocar, a percibir y si el objeto que manejamos tiene valor
en sí mismo o parte de él, lo valoramos de forma distinta a lo intangible y lo fiduciario.- Es
objeto de deseo y posesión en el buen sentido del ahorro.
Esta iniciativa que proponemos, la creación de una moneda fuerte con valor intrínseco y
extrínseco, la venimos desarrollando desde hace unos años como respuesta a nuestras crisis
recurrentes pero, entendemos que este momento tan especial, es la hora de analizarla
afondo, perfeccionarla y hacerla factible para su aplicación.
Esta tercer moneda “fuerte”, según nuestras proyecciones, no le costaría al Estado
absolutamente nada y podría inyectar a la economía entre cien a doscientos mil millones
de dólares en el término de tres años.
Para llegar a considerar viable esta iniciativa se hace necesario el concurso de opiniones
interdisciplinarias, mucho trabajo y excelente gestión en su implementación, pero antes de
eso, que los que tienen la responsabilidad específica se abran a nuevas ideas.
Hacemos un llamado al Gobierno para que prontamente se aboque a esta cuestión,
tomando esta idea u otra que cumpla los requerimientos del momento, de lo contrario, si
se dilata la toma de decisiones, las provincias ante la necesidad inmediata comenzarán a
actuar por si mismas emitiendo cuasimonedas y así se debilitará la credibilidad y se perderá
la posibilidad de lograr la consistencia macroeconómica.
Ricardo Bianchi
Bianchiricardo770@gmail.com