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Internacional

China es un estado fascista

El régimen de Xi Jinping se describe con frecuencia como “autoritario”. Puede ser hora de reevaluar y considerar llamar al estado chino como lo que se está convirtiendo rápidamente: uno fascista

Ailén Lazarte

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China es un estado fascista

En 2009, cuando comencé a describir con más frecuencia a China como “autoritaria” como corresponsal de televisión de Al Jazeera English, algunos editores se resistían, creyendo que sería editorializar demasiado. Desde entonces, nos hemos sentido cada vez más cómodos con el uso regular del término, en la cobertura de los medios y más allá. Pero a medida que los periodistas y atletas se dirigen a Beijing para los Juegos Olímpicos de Invierno, puede ser hora de reevaluar y considerar llamar al estado chino por lo que se está convirtiendo rápidamente: uno fascista.

Cuando los hechos cambian, es hora de cambiar de opinión y de lenguaje. Antes de los Juegos de Verano de 2008 en Beijing, los medios internacionales sabían que China era un país autoritario y la describieron como tal cuando fue necesario, pero se escribieron artículos completos sobre el sistema político de China sin mencionarlo. El gobierno había emitido regulaciones que permitían al cuerpo de prensa extranjero viajar libremente por todo el país, una desviación de años de estricto control. Y las personas que conocimos en estos viajes, muchas trabajando como activistas laborales o abogados de derechos, señalaron el camino a una nueva generación china transformadora.

Luego, las autoridades comenzaron a encerrar a los activistas que alguna vez defendieron. El país se desvinculó de las plataformas de redes sociales más populares del mundo, bloqueando Facebook, Google, Twitter y otras. La policía comenzó a vigilar agresivamente a los equipos de noticias, a veces esperando en autos en el aeropuerto incluso antes de que aterrizáramos. Mi decisión de usar regularmente “autoritario” reflejó ese cambio.

Ahora, deberíamos considerar la nomenclatura una vez más.

Algunos argumentarán que la base comunista del país lo hace fundamentalmente incompatible con las raíces derechistas del fascismo. El respetado jurista chino Teng Biao prefiere calificar al país de totalitario.

Pero considere las características del fascismo: un estado de vigilancia con un hombre fuerte que invoca el racismo, el nacionalismo y los valores familiares tradicionales a nivel doméstico, mientras construye un ejército para expandirse en el extranjero.

Xi Jinping, un líder que se ha elevado al nivel de Mao Zedong, ha construido un culto a la personalidad a su alrededor, completo con retratos en espacios públicos y privados. La propaganda recuerda la gloriosa historia de China mientras lamenta el trato que recibió en el pasado por parte de las potencias imperiales occidentales, lo que le permite a Beijing jugar tanto el nacionalismo como las cartas de víctima. Como corresponsal que antes residía en China y que ahora escribe desde Berlín, me resulta difícil ignorar hasta qué punto el presente de China se hace eco del pasado de Alemania.

El presidente chino Xi Jinping saluda sobre un retrato gigante del difunto presidente chino Mao Zedong al final del evento que marcó el centenario de la fundación del Partido Comunista de China, en la Plaza de Tiananmen en Beijing (REUTERS/ Carlos García Rawlins/Foto de archivo)El presidente chino Xi Jinping saluda sobre un retrato gigante del difunto presidente chino Mao Zedong al final del evento que marcó el centenario de la fundación del Partido Comunista de China, en la Plaza de Tiananmen en Beijing (REUTERS/ Carlos García Rawlins/Foto de archivo)

Para corregir los errores percibidos, Xi tiene una clara agenda revanchista. Taiwán se ha convertido en su Alsacia-Lorena, la frontera del Himalaya con la India en su Corredor Polaco y Hong Kong en los Sudetes. Con tácticas militares o de mano dura, ha dejado en claro que los movimientos para controlar estas áreas no están descartados. Además, según los informes, Beijing se ha trasladado a territorio butanés. China también reclama la mayor parte del Mar de China Meridional, donde ha construido puestos militares marcados con su propia “línea de nueve puntos” que, en un mapa, sobresale mucho más allá de las fronteras terrestres chinas en una expansión similar a Lebensraum.

La tecnología del siglo XXI ha proporcionado al Partido Comunista Chino capacidades de vigilancia con las que los fascistas del siglo XX solo podían soñar. Las cámaras de reconocimiento facial funcionan para rastrear a 1.400 millones de personas, invadiendo incluso baños públicos para detener el robo de papel higiénico. El estado, con la coordinación de sus gigantes tecnológicos, controla y rastrea los mensajes y contenidos compartidos entre teléfonos inteligentes.

Una cámara de vigilancia se ve cerca de las banderas nacionales chinas que se cuelgan en la Villa Olímpica de Invierno antes de los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022 en Beijing, China, el 27 de enero de 2022. (REUTERS/Tingshu Wang)Una cámara de vigilancia se ve cerca de las banderas nacionales chinas que se cuelgan en la Villa Olímpica de Invierno antes de los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022 en Beijing, China, el 27 de enero de 2022. (REUTERS/Tingshu Wang)

Ninguna entidad opera libremente del PCCh, incluidos estos campeones tecnológicos. Las empresas pueden perseguir márgenes de ganancia como otras empresas capitalistas, pero los funcionarios del partido intervienen cuando ven un interés estatal superior. Aquellos que no se alinean son derribados; el ejemplo más espectacular es el magnate tecnológico multimillonario Jack Ma, quien desapareció durante meses después de criticar a los reguladores financieros del país. Junto con la postura antisindical y antiobrera de Beijing, la economía china actual recuerda el fascismo corporativista de Mussolini.

El estado también se ha obsesionado con el machismo, otra obsesión fascista. Prohíbe lo que considera un comportamiento “afeminado”, que asocia con la comunidad LGBTQ, donde los activistas también se han enfrentado a crecientes represalias del gobierno. Exhorta a hombres y mujeres a procrear, en un cambio drástico de la política de un solo hijo de Beijing durante décadas. Ha invadido las esferas más privadas de los ciudadanos para hacerlo, incluso intentando reforzar la virilidad masculina reprimiendo las vasectomías.

De manera crítica, Beijing apunta a la etnia china Han en esta campaña, a sus ojos, la “raza superior”. Contra las minorías, y más preocupante contra los uigures musulmanes, el estado ha tratado de evitar los nacimientos, incluso mediante el uso de medidas extremas como la esterilización forzada. Su trato a los uigures, no como ciudadanos sino más bien como un problema que debe abordarse, ha llevado al establecimiento de cientos de campos de reeducación que, según los expertos, constituyen la mayor detención de minorías étnicas y religiosas desde la Segunda Guerra Mundial. Las legislaturas de varias democracias han llamado genocidio a lo que está pasando.

En conjunto, “autoritario”, que también se usa para describir estados democráticos en declive como Hungría y Turquía, apenas se siente suficiente, ni se siente preciso. Eso es un perjuicio para el público. Periodistas, políticos y otros deberían considerar llamar fascistas a elementos del estado chino, si no se sienten del todo cómodos describiendo al estado en general como fascista.

Es posible que estemos frente a una ausencia de terminología existente para describir adecuadamente a la China contemporánea. Pero eso nos corresponde a nosotros repensar nuestro vocabulario y no descartar la “palabra f” de las posibilidades.

Melissa Chan es una periodista que cubre temas transnacionales que a menudo involucran la influencia de China más allá de sus fronteras. Tiene su sede en Berlín.

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Internacional

Estados Unidos asegura que el nuevo líder supremo de Irán está herido y “probablemente desfigurado”

El gobierno estadounidense sostuvo que el recientemente designado líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, habría resultado herido durante los ataques militares contra Irán y que incluso podría haber quedado desfigurado. La afirmación fue realizada por el secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, en medio de una escalada bélica que mantiene en máxima tensión a Medio Oriente.

Ailén Lazarte

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En medio de la creciente confrontación militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, autoridades estadounidenses aseguraron que el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, se encuentra herido y posiblemente con secuelas físicas visibles tras los recientes bombardeos que sacudieron al país.

La información fue difundida por el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, durante una conferencia de prensa en el Pentágono. Según el funcionario, el dirigente iraní habría sufrido lesiones durante los ataques aéreos que se intensificaron en las últimas semanas en el marco de la guerra en la región.

De acuerdo con la versión estadounidense, el líder iraní no solo estaría herido sino que incluso podría haber quedado “probablemente desfigurado”, lo que abre interrogantes sobre su estado de salud y su capacidad para conducir políticamente al país en un momento de fuerte crisis internacional.

Un líder que no aparece en público

Las dudas sobre la situación de Khamenei se multiplicaron luego de que, tras su designación como máxima autoridad religiosa y política de Irán, no volviera a mostrarse públicamente. Su primera comunicación oficial desde que asumió el cargo no fue mediante un discurso televisado ni una aparición pública, sino a través de un comunicado escrito difundido por la televisión estatal iraní.

Para el gobierno estadounidense, este hecho refuerza las sospechas sobre su estado físico. Desde Washington sostienen que la ausencia de imágenes o videos recientes del líder iraní podría estar relacionada con las heridas sufridas durante los bombardeos.

En ese sentido, Hegseth aseguró que la falta de apariciones públicas es llamativa para un líder de semejante peso político en el país. Según sus palabras, el hecho de que Irán haya optado por difundir un mensaje escrito en lugar de un discurso grabado alimenta las dudas sobre su estado real.

El contexto: una guerra que golpea al liderazgo iraní

La actual crisis en Medio Oriente se profundizó tras una serie de ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en territorio iraní. La ofensiva incluyó bombardeos dirigidos contra infraestructuras militares y contra miembros clave del liderazgo político y militar del país.

En ese contexto, el padre de Mojtaba, el histórico líder supremo iraní Ali Khamenei, murió a fines de febrero durante uno de esos ataques aéreos en Teherán, lo que generó un fuerte impacto político en la estructura de poder de la República Islámica.

Tras su muerte, el sistema político iraní debió reorganizarse rápidamente. Luego de un breve período de liderazgo interino, Mojtaba Khamenei fue elegido como nuevo líder supremo, heredando el puesto más influyente del país y uno de los cargos religiosos y políticos más poderosos del mundo islámico.

Sin embargo, la transición de poder se produjo en un momento extremadamente delicado: el país se encontraba bajo intensos ataques militares y en plena confrontación con Estados Unidos y sus aliados.

Versiones contradictorias sobre su estado

Mientras desde Washington sostienen que el dirigente iraní resultó gravemente herido, desde Irán no hubo confirmaciones oficiales sobre el alcance de las lesiones. Algunas fuentes del propio país asiático indicaron que habría sufrido heridas menores durante los primeros días de los bombardeos, incluyendo una fractura en un pie y golpes en el rostro.

Estas versiones, sin embargo, contrastan con el tono de las declaraciones estadounidenses, que describen una situación más grave y que incluso plantean que el líder podría haber quedado físicamente marcado por el ataque.

La falta de información independiente y verificable mantiene abiertas las especulaciones sobre el verdadero estado de salud del dirigente.

Un liderazgo bajo presión

Más allá de su estado físico, el ascenso de Mojtaba Khamenei ya generaba controversia dentro de Irán antes incluso de la guerra. Algunos sectores políticos y religiosos cuestionaban su legitimidad para ocupar el cargo que durante décadas ejerció su padre.

Ahora, con el país inmerso en un conflicto militar de gran escala y con el liderazgo iraní bajo presión, esas tensiones internas podrían intensificarse.

Desde Washington, las autoridades también cuestionaron la legitimidad del nuevo líder y sostuvieron que el actual gobierno iraní enfrenta una situación extremadamente complicada tanto en el frente militar como en el político.

Escalada regional

Mientras tanto, la guerra continúa ampliándose en Medio Oriente. Estados Unidos y sus aliados sostienen que las operaciones militares buscan debilitar la capacidad militar iraní, mientras que Teherán promete responder a cada ataque.

El conflicto también tiene implicancias económicas globales, especialmente por la amenaza sobre el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores del comercio mundial de petróleo.

Con el liderazgo iraní envuelto en incertidumbre y la región en tensión permanente, el escenario internacional observa con preocupación la evolución de los acontecimientos y el impacto que podrían tener en la estabilidad global.

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Internacional

Trump aseguró que la guerra con Irán está “casi terminada” y anticipa un posible cierre del conflicto

El presidente de Estados Unidos afirmó que la ofensiva militar contra Irán avanza más rápido de lo previsto y que el enfrentamiento podría llegar a su fin en el corto plazo. Sus declaraciones generaron repercusiones en la política internacional y en los mercados financieros.

Ailén Lazarte

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que el conflicto militar con Irán se encuentra en su etapa final y que el desenlace podría concretarse en poco tiempo. Según sostuvo, las operaciones llevadas adelante por las fuerzas estadounidenses habrían debilitado considerablemente la capacidad militar del país asiático, lo que permitiría vislumbrar un cierre próximo del enfrentamiento.

Las declaraciones del mandatario se producen en medio de la escalada bélica iniciada a fines de febrero, cuando Estados Unidos y sus aliados lanzaron una ofensiva contra objetivos militares iraníes. Desde entonces, el conflicto generó una fuerte tensión en Medio Oriente y despertó preocupación a nivel global por sus posibles consecuencias políticas y económicas.

Trump aseguró que el avance de las operaciones militares superó las expectativas iniciales del plan de guerra. De acuerdo con sus palabras, la estrategia había sido diseñada para extenderse durante varias semanas, pero el desarrollo de los combates habría acelerado los tiempos previstos. En ese sentido, afirmó que la estructura militar iraní quedó seriamente afectada tras los ataques recientes, lo que —según su visión— abre la puerta a un final cercano de las hostilidades.

El conflicto comenzó el 28 de febrero con una serie de ataques coordinados contra instalaciones estratégicas iraníes, entre ellas bases militares, sistemas de defensa y centros vinculados al desarrollo de misiles. La ofensiva fue presentada por Washington como una acción destinada a neutralizar amenazas contra sus intereses y aliados en la región.

Sin embargo, la guerra también provocó una rápida respuesta de Irán, que lanzó misiles y drones contra objetivos vinculados a Estados Unidos y sus aliados en distintos puntos de Medio Oriente. Estos episodios elevaron el nivel de tensión regional y generaron advertencias sobre el riesgo de una expansión del conflicto.

En paralelo, la situación impactó en los mercados internacionales. Las declaraciones de Trump sobre una posible conclusión del enfrentamiento generaron reacciones inmediatas, con movimientos en las bolsas y variaciones en el precio del petróleo, uno de los recursos más sensibles frente a los conflictos en esa zona estratégica del mundo.

A pesar del optimismo expresado por el mandatario estadounidense, analistas y funcionarios internacionales advierten que el panorama sigue siendo incierto. Aunque algunos indicios apuntan a una eventual reducción de la confrontación, el desarrollo de los próximos días será clave para determinar si realmente el conflicto se encamina hacia su final o si podría abrir una nueva etapa de tensiones en la región.

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Internacional

Escalada en el Golfo y tensiones entre Irán, EE. UU. e Irak: ¿qué está ocurriendo?

Una serie de acontecimientos recientes en Medio Oriente, impulsados por la represión interna en Irán, la retirada de tropas estadounidenses de Irak y declaraciones beligerantes entre Teherán y Washington, están elevando las tensiones regionales a niveles preocupantes, con potencial impacto en la estabilidad geopolítica global

Ailén Lazarte

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La región del Golfo y Oriente Medio se encuentra en un momento de alta tensión, marcado por advertencias de guerra, protestas internas masivas en Irán y cambios estratégicos en Irak que podrían tener repercusiones más allá de sus fronteras.

En Irán, el presidente Masoud Pezeshkian lanzó una dura advertencia a Estados Unidos al asegurar que cualquier ataque contra el líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei, sería interpretado como una declaración de guerra total. Esta declaración ocurre en medio de una profunda crisis interna, con protestas extendidas que han dejado miles de muertos y miles de detenidos en las últimas semanas, según informes periodísticos y balances de organizaciones de derechos humanos.

Paralelamente, Irán celebró la salida de tropas estadounidenses de la base militar de Ain al Asad, en el oeste de Irak, un movimiento que Teherán interpretó como un fortalecimiento de la soberanía regional y de la cooperación bilateral entre Bagdad y Teherán. El ministro de Relaciones Exteriores iraní destacó que esta retirada forma parte de una “estrecha colaboración” en materia de seguridad con Irak.

Desde Washington, las políticas hacia Irán mantienen un enfoque de presión sostenida mientras se intenta evitar que el conflicto se convierta en una guerra abierta. Analistas señalan que cualquier escalada que involucre acciones militares directas podría tener consecuencias graves para la estabilidad de toda la región y para las relaciones internacionales, especialmente con alianzas estratégicas como la de Estados Unidos, Israel y países árabes.

Además, expertos advierten que las protestas internas en Irán, que se intensificaron a fines de diciembre de 2025, han sido acompañadas por una fuerte represión estatal, contribuyendo a una atmósfera de tensión política y social que se entrelaza con las dinámicas geopolíticas más amplias.

En este contexto, la región permanece en alerta, con movimientos estratégicos y diplomáticos en desarrollo que podrían definir los próximos pasos de uno de los escenarios de mayor riesgo geopolítico del mundo.

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