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Política

Un año de cuarentena: Fernández sobrellevó doce meses con altibajos y pronósticos fallidos

El Presidente pasó de tener un amplio consenso social a encapsularse en la grieta; la política sanitaria, que comenzó con un confinamiento total, hoy adoptó un esquema flexible, que continúa a pesar de la amenaza de la segunda ola

eltribuno

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Un año de cuarentena: Fernández sobrellevó doce meses con altibajos y pronósticos fallidos

Había 128 contagios, pero la alarma nacional fue absoluta. La caravana de autos enfilando hacia la Costa Atlántica por Semana Santa convenció a Alberto Fernández de apretar el botón de pánico. Con el respaldo unánime de los gobernadores, el Presidente decretó por primera vez, el 20 de marzo del 2020, el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), la cuarentena total. Y los argentinos se confinaron de un día para el otro, sin saber cuándo retomarían la vida habitual.

“El que no pueda explicar qué hace en la calle se verá sometido a las sanciones del Código Penal. Todos tienen que quedarse en sus casas”, advirtió Fernández.

A un año de esa medida inédita, el Gobierno lleva publicadas 23 prórrogas de aquel primer DNU. Se publicaron también 69 decretos, 130 decisiones administrativas, 247 resoluciones y 323 disposiciones vinculadas al Covid. La alquimia entre la situación sanitaria, el factor económico y el hastío social fue moldeando la política sanitaria. Hoy el prisma es distinto. Si hace un año la máxima de Fernández señalaba que “una economía que se cae, se levanta; pero una vida que se pierde no se recupera más”, el lema que el Presidente expuso el último jueves en cadena nacional que “el mundo va a tener que convivir con el virus”. “También nosotros”, dijo.

En Casa Rosada hablan de “lección aprendida” al referirse a la decisión de evitar cerrar la economía en el segundo año de pandemia. “Así como el año pasado había que ganar tiempo para reforzar el sistema de salud, ahora hay que ganarle a la segunda ola con la vacuna”, comentó un importante colaborador oficial.

Pero la vacunación no marcha como se esperaba ni se verifica el ritmo que se prometió cuando se firmaron los contratos con los laboratorios. Nadie, ni el propio Presidente, lo niega: se esperaba vacunar a los grupos prioritarios (unas 12 millones de personas) en el primer trimestre del año, pero hasta ahora solo fueron aplicadas unas 3 millones de dosis con cargamentos que llegan a cuentagotas.

Mientras tanto, el Presidente pasó de cosechar un consenso social inédito, a volver a encapsularse en la grieta. Al principio, hasta los votantes de Mauricio Macri habían apoyado a Fernández en la gesta. La imagen del jefe de Estado superó los 83 puntos a principios de abril, según Poliarquía. El Presidente, además, fue aumentando su nivel de exposición: llegó a junio con un ritmo de una entrevista cada 48 horas.

Alberto Fernández y la ministra de Salud, Carla Vizzotti, reemplazante de Ginés González García, desplazado por el escándalo del vacunatorio vip

Su popularidad decayó a unos 65 puntos hacia mitad de año, conforme fue creciendo el descontento por el confinamiento extendido. Luego sobrevendría el caso de las vacunas VIP, que desgajó otro tanto la imagen presidencial.

La cuarentena se inició con postales de unidad inesperadas con Horacio Rodríguez Larreta. Compartieron una decena de conferencias de prensa. Pero ese paisaje de concordia se fue deshilachando conforme aparecieron los primeros conflictos por la coparticipación y a medida que el Presidente optó por endurecer su política judicial. La gestión conjunta de la pandemia, sin embargo, no se interrumpió. Hasta hoy se repiten las videoconferencias con los 24 gobernadores para escenificar la fortaleza de las medidas.

A tres meses de haber asumido en el cargo, Fernández pasó a gestionar en un estado de excepción total. En loop, cada quince días anunciaba una nueva prórroga de la cuarentena, previas reuniones con el comité de infectólogos y los gobernadores. Pronto aparecieron los primeros signos de agotamiento económico.

Las etapas de la cuarentena

El Presidente volcó recursos estatales en detrimento del déficit fiscal. Unas 9 millones de personas recibieron el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el Ministerio de Desarrollo Social pasó entregar alimentos a 11 de millones de personas. El Gobierno lanzó el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) para ayudar a las empresas a pagar salarios.

“Insisto en cuidar a los argentinos y que la economía espere”, dijo Fernández en abril. A fines de ese mes, el Presidente anunció una cuarentena segmentada en el AMBA. “No me enamoré de la cuarentena”, replicó. Poco a poco, en la ecuación del Gobierno comenzó a ganar peso la economía. Presionado por liberar las medidas, Fernández buscó extender los anuncios de dos a tres semanas. Pero a fines de junio debió decretar 15 días de confinamiento estricto -casi como al principio- para contener los contagios.

El primer acuerdo con un laboratorio llegó en agosto. “Vamos a poder acceder entre seis y doce meses antes a la vacuna”, se confió el Presidente por el acuerdo con Oxford Astrazeneca y el laboratorio Insud.

Alberto Fernández anunció en agosto pasado que la Argentina iba a poder acceder a las vacunas entre seis meses y un año antes gracias a un acuerdo con Oxford Astrazeneca y el laboratorio Insud.

En septiembre, por primera vez en seis meses, Fernández no le puso la cara a los anuncios. Hubo solo un video institucional. La foto del comité de expertos en Olivos quedó en sepia. La Argentina llegó al millón de casos y el Presidente dejó de convocar a los infectólogos como en cada antesala de un anuncio.

En noviembre irrumpió otro proveedor: el instituto Gamaleya y la vacuna Sputnik V. La alternativa rusa pasó a ser la más atractiva. Eran 14 millones de vacunas a partir de diciembre. En el Gobierno se diseminó rápidamente una ráfaga de optimismo. La vacuna se convertía en un estandarte para la pelea electoral.

“Quisiera que al culminar febrero tengamos diez millones de argentinos vacunados”, sostuvo el 28 de noviembre el Presidente, en uno de los tantos pronósticos fallidos que lanzó. Cuando las demoras se hicieron evidentes, el Gobierno dejó de dar cifras y fechas. Hoy se conocen los cargamentos recién cuando el avión de Aerolíneas Argentinas aterriza en Moscú.

El escándalo del vacunatorio VIP obligó a Fernández a desplazar a Ginés González García, su ministro de Salud. Según las encuestas que leen en la Casa Rosada, desde el episodio el Presidente habría caído unos seis puntos en la imagen.

El Presidente sinceró los problemas en la vacunación el jueves, cuando apeló a una cadena nacional sorpresiva, por segunda vez en lo que va de su mandato. La amenaza de la segunda ola y de las cepas más peligrosas de Covid obligan a recalcular la política sanitaria otra vez.

Nota

Argentina y Brasil: De la integración al delirio

Aclaración: El presente artículo es una columna de opinión y análisis firmada por Mario Alejandro Scholz. Las opiniones, apreciaciones y conclusiones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a su autor y no representan necesariamente la posición editorial de este medio.

Ailén Lazarte

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Un largo camino a la amistad

La vecindad entre Argentina y Brasil conlleva más de 500 años de historia desde los tiempos de la colonia, que marcaron así un comienzo bajo un conflicto permanente en virtud de la disputa de límites entre sus respectivas metrópolis -España y Portugal-, que ya en 1494 acordaron una división territorial  en el tratado de Tordesillas, que posibilitó a los portugueses su llegada al “país tropical”. Posteriormente el avance luso, corriendo la frontera permanentemente, llevó al rey Carlos III de España en guerra con Gran Bretaña y su aliado Portugal, a enviar una expedición militar al Río de la Plata al mando de Pedro de Cevallos en 1776, la que posibilitó  la recuperación española de la Colonia del Sacramento y de la Isla de Santa Catalina (donde hoy se encuentra Florianópolis), acción acompañada por la creación del Virreynato del Río de la Plata para fortalecer la defensa regional.

Posteriormente, llegó la paz con el Tratado de San Ildefonso  (1777) y los dominios del nuevo Virreynato en la frontera se limitaron a la Banda Oriental y las antiguas misiones guaraníticas, por entonces ya en estado de creciente abandono por la expulsión de los jesuitas operada una década antes. Pero los caudillos locales bajo el lema de la “Patria Grande” mantuvieron su reclamo sobre lo que hoy es Río Grande del Sur, mientras que del lado brasileño persistió la pretensión de llevar sus bordes al Río de la Plata. La guerra entre Argentina y Brasil de 1825, ya por entonces dos naciones independizadas de sus antiguos imperios, culmina con la firma en agosto de 1828 de la Convención Preliminar de Paz entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil, hecho que pone fin formal al conflicto bilateral con la creación de la República Oriental del Uruguay.

Desde entonces existió, con intervalos, un largo período de recelos comunes, que no impidieron la firma del tratado de la Triple Alianza  de marzo de 1865 para enfrentar la invasión militar paraguaya, así como distintos acercamientos temporales, como el intentado en los años 50s con el proyecto “ABC” de unidad entre Argentina Brasil y Chile, bloqueado por sectores conservadores de la región. Quizás la etapa de mayores asperezas tuvo lugar con los gobiernos militares de los 70s y principios de los 80s en ambos lados, con severos entredichos por el uso de los cursos hídricos comunes, e incluso con la búsqueda por cada parte de un desarrollo nuclear asociado al poderío bélico.

Pero todo esto cambió radicalmente con el regreso democrático, primero en la Argentina con el Gobierno de Raúl Alfonsín, que apoyó encarecidamente la recuperación institucional en toda la región y muy particularmente en Uruguay, Brasil y Chile, y más luego con la llegada de José Sarney a la presidencia del vecino gigante sudamericano en 1985 asumiendo el compromiso de instaurar la elección directa del Poder Ejecutivo. Y esos dos presidentes democráticos superaron por entonces las antiguos obstáculos para allanar el camino para una relación fraternal y productiva apoyada en valores republicanos superiores entre ambos países, para extenderla a toda la región.

Desalojado rápidamente el riesgo nuclear con el desmontaje en ambas naciones de los trabajos y procesos relacionados con la industria bélica, Alfonsín y Sarney llegaron a un acuerdo de cooperación económica plasmado en la Declaración de Foz de Iguazú (1985), como primer paso al acuerdo del “Programa de Integración y Cooperación Económica” (PICE) de 1986, que avanza primero con el Tratado de Integración y Desarrollo de 1988, al que ese mismo año se suma el vecino Uruguay con la Presidencia de José María Sanguinetti mediante el Acta de Alvorada en Brasilia; y culmina después con la firma del Tratado de Asunción (1991), que da nacimiento al MERCOSUR, ya con los nuevos mandatarios Carlos Menem, Fernando Collor de Melo y Luis Alberto Lacalle, más el Presidente de Paraguay Andrés Rodríguez, este último a cargo de la transición democrática tras la fuga del dictador Alfredo Stroessner.

Si bien los acuerdos que culminaron con el MERCOSUR tienen como mayor reconocimiento el crecimiento de las corrientes comerciales dentro de ese hinterland bajo un régimen de libertad (arancel cero) para la mayoría de los productos y servicios entre los países que integran este bloque, así como un arancel externo común extra zona, conjunto que se denomina técnicamente zona aduanera común, la integración es esencialmente política, por lo que resultó sustancial para el proceso de extensión democrática en la región. Esa vocación quedó plasmada además en sendos Protocolos denominados de “Ushuaia I (1998) y II (2011)” (este último también conocido como de “Montevideo”), que establecen la condición de institucionalidad democrática para pertenecer al bloque, a lo que se agregó en el segundo de ellos el concepto de “amenaza de ruptura“ para la condición “gatillo” de posibles sanciones.

El MERCOSUR posibilitó además la libre circulación de personas y no solo de mercaderías, la construcción común de corredores de tránsito entre el Atlántico y el Pacífico y entre las distintas regiones involucradas, máxime al extenderse los acuerdos a Bolivia, como nuevo miembro en “proceso de asociación plena” desde 2004 y Chile en calidad de “estado asociado” desde 1996; diversas acciones de cooperación como las que se canalizan a través del Fondo especial FOCEM creado ad-hoc para el desarrollo de proyectos regionales, la efectiva coordinación de frecuencias para el despliegue de la todavía denominada “telefonía celular” (que hoy comprende múltiples servicios de banda ancha), la negociación como bloque con terceros países o ligas comerciales en particular con la Comunidad Económica Europea, acciones específicas de integración como el acuerdo de la industria automotriz regional (Flex), en fin, innumerables convenios en múltiples campos.

También cabe destacar la instauración del Tribunal Permanente de Revisión (TPR) con sede en Asunción, producto del Protocolo de Brasilia (1991), que actúa como tribunal para resolución de conflictos,  órgano consultivo y además como ente jurídico con competencia en cuestiones administrativo-laborales. El TPR iniciado con métodos puramente diplomáticos y tribunales temporales, tiene desde la firma del Protocolo de Olivos (2002) carácter de tribunal permanente.

Regresando ahora a las cuestiones exclusivamente comerciales, recordamos que en estas casi cuatro décadas de vida del MERCOSUR Brasil pasó a constituir  el principal destino exportador argentino con un 15% del total de nuestras ventas al exterior[1], mientras que es también nuestro principal proveedor con un 24% de nuestras importaciones[2], incluso por encima de China que lo sigue con un 23%. Del lado brasileño, Argentina ocupa el tercer lugar, tanto como comprador como proveedor, con alrededor de un 5% de participación global en el comercio exterior brasileño.

Pero más que mirar lo hecho, debemos reflexionar sobre el enorme potencial de crecimiento y despegue que tiene esta asociación, muy en particular tras la aprobación en ambos bloques del acuerdo MERCOSUR-Unión Europea, que además de facilitar la exportación de un mayor volumen de productos tradicionales al otro lado del Atlántico, abre a nuestra región la posibilidad de constituirse en un polo de atracción de inversiones para el despliegue de producciones dirigidas a toda Europa. No en vano Brasil ha buscado ya acuerdos con empresas chinas para el desarrollo de plantas fabriles, caso automotriz por solo citar un ejemplo, y lo propio deberíamos hacer los argentinos, amén de  consolidar alianzas estratégicas con otros grandes competidores internacionales como la India, además de China.

 

UNA SOBRE ACTUACION INSOLITA  E INNECESARIA

Pues bien hasta aquí la historia y el potencial de desarrollo de nuestra asociación estratégica con Brasil, si es que no la desperdiciamos. Desde ya que, tratándose de una relación esencialmente política, este vínculo amistoso de ya más de treinta años dejó atrás viejos resquemores y pasados conflictos, pero no puede escapar a roces e interferencias y no sería realista suponer que es posible evitarlos.

Cuando los gobiernos comparten tendencias ideológicas, o al menos lo aparentan, suele esperarse que las relaciones sean más “aceitadas”;  por el contrario cuando tal afinidad no existe o más todavía cuando pueda llegarse a cierto aparente antagonismo, los vínculos son más dificultosos a nivel de los altos funcionarios. Pero aún allí, las cuestiones técnicas y los segundos niveles pueden mantener un curso normal propio de las relaciones prácticas, tanto del comercio como en lo que hace a la cooperación de modo más general.

La creciente inserción de los gobiernos de Argentina y Brasil de modo recíproco en los debates de política interna de sus vecinos, agregó un grado mayor de asperezas. Ahora se nos recuerda que Lula apoyó las candidaturas del peronismo en diversas elecciones en Argentina, mientras que los Fernández hicieron lo propio en favor de los candidatos del Partido dos Trabalhadores (PT). Pero nunca pudo decirse que la convivencia entre gobiernos de ideologías diferentes y hasta a veces casi opuestas en nuestros países llegarse a trasponer límites que no tuvieran solución de manera diplomática … hasta la participación de Javier Milei en la  proclamación de la candidatura presidencial del nuevo líder de derecha Flávio Bolsonaro para las próximas elecciones de octubre en Brasil.

Ese apoyo de Milei con presencia física en el territorio brasileño era desde ya una actitud provocativa, pero seguramente hubiera motivado por ese hecho exclusivamente alguna condena formal de la cancillería de Brasil, y no más que eso. Desde ya, hay culpas compartidas en estas intromisiones en territorio ajeno. Pero Milei fue un paso más allá, simplemente insultó al Presidente y candidato a su reelección Luiz Lula da Silva. No cabe repetir tales agravios, basta con señalarlos.

Es claro que el no menos que extraño comportamiento del Presidente Milei tiene como fundamento un alineamiento explícito con la posición del Presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien mantiene fuertes polémicas con el actual mandatario brasileño, mucho más desde que éste no se calló ante la elevación de aranceles comerciales instrumentada por los Estados Unidos. Ese conflicto bilateral se manifiesta en el terreno diplomático por el respectivo desconocimiento de sus embajadores.

Para tal alineamiento explícito con Trump hubiera bastado que Milei apoyase a Bolsonaro en su propio  territorio, recordando además que ya lo había hecho en Argentina en una reciente visita y también desde un primer momento cuando lo invitó a su asunción presidencial, allá por diciembre de 2023. El agregado de insultos, que para peor fueran reiterados al volver a nuestro país, parece obedecer antes a una sobre actuación que a una convicción íntima que surgiera de un ímpetu interior, de una explosión incontrolable del ánimo. Desde ya, un jefe de estado no debiera permitirse ese lujo en público, máxime cuando la relación con otro país está en juego. Pero no es el caso, en virtud de la reiteración del desborde con un plazo intermedio para reflexionar, medir consecuencias, repercusiones, acciones, en fin consultas a expertos. Nada dice que no haya sido adrede. El Presidente Milei desde ya asume su postura, no reniega de ella.

La versión oficial argentina sobre el posterior retiro del Embajador de Brasil en nuestro país por orden del Presidente Lula, así como el retiro del placet al Embajador de Argentina en Brasil (por ahora solo se trasmitió un pedido de regreso a su tierra) consiste en acusar al gobierno brasileño de reacción desmedida, como si se tratara de simples juegos de palabras. Se sostiene además que permaneciendo en ambas representaciones diplomáticas los respectivos agregados comerciales, las relaciones de tal carácter y las demás de orden general (como turismo, por ejemplo) no se alteran en lo más mínimo.

No hubo en cambio pedido de disculpas, alguna excusa del tipo “fue dicho en ámbito privado y tomó una trascendencia inesperada”, etc., como para reducir el tenor de lo actuado. Extraña desde ya la suave reacción de algunos observadores locales (oficialistas está claro) que parecen sostener una especie de “golpe por golpe”, o algo así como “la contravención de reglas opera de antaño, no hay nada nuevo bajo el sol”.

Es cierto que como el propio Presidente Trump expresó a la prensa, él rescató a Milei de una crisis cambiaria allá por septiembre del año pasado, cuando adelantó su voluntad de sostener la cotización en el mercado argentino comprando pesos, operación que una vez anunciada se concretó. La promesa de poner en la mesa no menos de USD 20 mil millones no fue suficiente, pero no bien se desembolsaron los primeros USD 2.000 millones la “corrida cambiaria” cesó, el mercado se estabilizó, y desde entonces el valor del tipo de cambio continuó retrasándose respecto de la evolución de los precios internos y el Banco Central compró más de USD 12 mil millones para sus reservas internacionales brutas.

Este favor, en más otros beneficios esperados de este alineamiento (no sabemos cuáles), han convencido con toda claridad al Presidente Milei de la bondad de su vínculo. Pero insultar a Lula es sin duda una exagerada demostración de su posicionamiento, que puede entrañar costo para el país. Y eso va más allá del resultado de la apuesta por Bolsonaro, es decir del éxito si venciera en las elecciones brasileñas o del fracaso para Milei si finamente Lula fuera reelecto.

 

CONSECUENCIAS

Quizás la palabra a emplear para el subtítulo pudiera ser tomada del inglés, “aftermath”, un nombre dado por los Rolling Stones a uno de sus grandes trabajos. Fue traducido en la tapa del disco como “consecuencias”, aunque más que eso debiera entenderse como “secuelas”.

Es posible que efectivamente, tal como manifiestan los voceros oficiales, la vida por ahora continúe normalmente y no haya en lo inmediato una afectación visible al comercio, el turismo, en fin a las relaciones prácticas habituales entre Argentina y Brasil. Pero el país pierde crédito, aparece siguiendo rumbos inciertos en su política exterior que dependerían de la voluble voluntad del gobernante de turno.

Para un inversor, por tomar un ejemplo, en cualquier circunstancia de gobierno en Brasil, ¿dónde verá un escenario confiable y estable a largo plazo dentro del MERCOSUR?. ¿Hace falta imaginar la respuesta?. Otro tanto si nos preguntáramos por los cambios posibles en los Estados Unidos y su impacto en Argentina, aun si los Republicanos continuaran en el gobierno, pero quizás con una personalidad menos conflictiva que la del actual Presidente Trump.

Me detengo solo en un punto de estas posibles “secuelas” y lo planteo solo a modo de pregunta. ¿Estamos evaluando el impacto de nuestra relación en el MERCOSUR en aquellos inversores internacionales provenientes de los grandes actores mundiales que vean la oportunidad de radicarse en la región para establecer/ampliar/renovar plantas de producción, crear empleos y generar riqueza para desplegar una especie de cabeza de playa para exportar a Europa?.

La previsibilidad y la continuidad de políticas de estado y de las conductas, como las asumidas desde hace décadas en el MERCOSUR, resultan mucho más importantes para el desarrollo del país que los regímenes de excepción, caso del “RIGI”, que aún no han sido testeados en su vigencia en el tiempo. Y es por eso que, más que el “business as usual” que pronostican los voceros oficiales para la relación con Brasil, a pesar de la gravedad de la actual situación diplomática,  la secuela que provoca mayores temores es la que podemos esperar a largo plazo. Y por eso una reflexión más profunda y una sincera revisión de los excesos cometidos puede ser un camino correcto y sincero para despejar esos temores.

Los principales productos que Argentina vende a Brasil son vehículos comerciales y utilitarios (bajo el acuerdo automotriz), trigo, automóviles, petróleo y gas, lácteos, diversos regionales (peras, manzanas, papas, ajos, malta, etc.) y variados insumos industriales.

Por su parte Brasil vende a nuestro país automóviles y autopartes, bienes de capital, maquinarias, plásticos y químicos, fertilizantes, energía eléctrica, entre otros.

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Política

Violento ataque a balazos en barrio Alvear: Asesinaron a un joven de 24 años e hirieron de gravedad a una mujer

Ocurrió durante la noche de este sábado en el cruce de Cagancha y Cafferata, en la zona suroeste de Rosario. Un tirador efectuó múltiples disparos desde un automóvil hacia un grupo de personas y se dio a la fuga. Investiga la fiscal Marina Vigo.

Ailén Lazarte

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Emboscada mortal en la zona suroeste

Un letal ataque a tiros dejó como saldo un joven fallecido y una mujer internada en estado crítico en la noche de este sábado en el barrio Alvear, en la zona suroeste de la ciudad.

El episodio armado se registró pasadas las 23:40 horas en las inmediaciones de la intersección de las calles Cagancha y Cafferata. Tras recibir alertas al 911 por fuertes detonaciones en la vía pública, efectivos policiales arribaron al lugar y hallaron a dos personas tendidas sobre el suelo con múltiples impactos de bala.

Personal médico de emergencias constató en el lugar la muerte de Cristian Emanuel Lucero, de 24 años, quien presentó dos heridas de arma de fuego localizadas en el tórax y en la zona del cuello.

En tanto, una joven identificada con las iniciales N.L.M., también de 24 años, sufrió un impacto de bala en la región abdominal. Fue derivada de urgencia al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA), donde permanece internada con pronóstico reservado y en estado de extrema gravedad.

 La mecánica del ataque y las pericias

De acuerdo con las primeras reconstrucciones realizadas por la Fiscalía, el ataque fue ejecutado por un hombre —cuya identidad aún no fue establecida— que arribó a la zona a bordo de un automóvil. Sin descender del vehículo, abrió fuego de manera directa hacia un grupo de personas que se encontraba reunido en la vía pública y se dio a la fuga inmediatamente.

La fiscal de la Unidad de Homicidios Dolosos, Marina Vigo, ordenó la intervención del Gabinete Criminalístico de la Policía de Investigaciones (PDI) para efectuar:

  • Relevamiento integral y levantamiento de rastros en la escena del crimen.

  • Toma de testimonios a vecinos y testigos presenciales.

  • Relevamiento y análisis de cámaras de videovigilancia públicas y privadas en las inmediaciones.

Durante las diligencias sobre la calzada, los peritos secuestraron tres vainas servidas, las cuales quedaron a resguardo para ser sometidas a peritajes balísticos. Hasta el momento no hay personas detenidas por el hecho.

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Política

Reforma Constitucional en Santa Fe: Los ejes del proyecto que busca modernizar la Carta Magna de 1962

El Gobierno provincial y las principales fuerzas políticas avanzan en el debate para dictar la Ley de Necesidad de la Reforma. Autonomía municipal, fin de las reelecciones indefinidas y la discusión sobre el mandato presencial y ejecutivo lideran la agenda.

Ailén Lazarte

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El debate institucional que marca la agenda provincial La actualización de la Constitución de la provincia de Santa Fe —vigente desde 1962 y convertida en una de las más antiguas del país— volvió a posicionarse en el centro de la escena política. El Poder Ejecutivo provincial, conducido por el gobernador Maximiliano Pullaro, junto a los bloques parlamentarios de la Legislatura, aceleran las conversaciones para alcanzar los consensos necesarios que permitan votar la Ley de Necesidad de la Reforma.

Para que la iniciativa avance, la Constitución exige una mayoría calificada de dos tercios en ambas cámaras legislativas. Por este motivo, el oficialismo mantiene rondas de diálogo con los distintos espacios de la oposición (el PJ, los sectores de la Libertad Avanza y fuerzas de izquierda) para acordar qué artículos se habilitarán a modificar.

Los puntos clave que están sobre la mesa El borrador de temas que impulsa el arco político santafesino contempla cambios estructurales para la provincia:

  • Autonomía Municipal: Un reclamo histórico para ciudades como Rosario y la capital provincial. Permitirá a los municipios dictar sus propias Cartas Orgánicas, definir sus esquemas de gobernanza y administrar recursos de forma directa.

  • Reelección y límites a mandatos: Se debate la posibilidad de habilitar un segundo mandato consecutivo para la fórmula de Gobernador y Vicegobernador (hoy prohibido en Santa Fe), al tiempo que se busca fijar un tope a las reelecciones indefinidas para legisladores, intendentes y concejales.

  • Modernización del sistema judicial y de seguridad: Adecuar las garantías constitucionales al nuevo Código Procesal Penal, fortaleciendo el rol del Ministerio Público de la Acusación (MPA) y otorgando rango constitucional a herramientas clave de seguridad pública.

  • Eliminación de privilegios y fueros: Reformas en la inmunidad parlamentaria para que cualquier funcionario pueda ser investigado sin trabas judiciales, garantizando el principio de igualdad ante la ley.

  • Ampliación de derechos: Incorporación explícita del derecho al agua, la protección del medio ambiente, la conectividad digital y la constitucionalización del equilibrio fiscal.

El camino hacia la Convención Constituyente

De lograrse la sanción de la Ley de Necesidad de la Reforma en la Legislatura, el paso siguiente será la convocatoria a elecciones generales para que los ciudadanos santafesinos elijan a los convencionales constituyentes. Serán ellos los encargados de redactar y sancionar el nuevo texto constitucional durante el plazo que fije la norma.

Desde todos los sectores coinciden en que se trata de una oportunidad histórica para dotar a la provincia de un marco institucional moderno, ágil y adaptado a las demandas del siglo XXI.

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