La economía del conocimiento, economía basada en conocimiento (EBC) o industria del conocimiento, es el sector de la economía que utiliza la información como elemento fundamental para generar valor y riqueza por medio de su transformación a conocimiento. Abarca rubros como la educación, investigación y desarrollo, alta tecnología, informática, telecomunicaciones, robótica, nanotecnología e industria aeroespacial. En realidad, la Economía del Conocimiento no genera valor y riqueza por medio de su transformación en información; sino que crea valor añadido en los productos y servicios en cuyo proceso de creación o transformación participa. El conocimiento es mucho más que mera información. La información son datos procesados con una utilidad general, mientras que el conocimiento significa formas, métodos y maneras de abordar y resolver problemas; significa entre otras muchas cosas, «Know Who» “Saber hacer” o herramientas o medios de producción para producir a su vez, o más conocimiento o productos y servicios con un valor añadido, útil y cuantificable para la sociedad.
La Economía del Conocimiento está estructurada bajo una base material que ha permitido grandes cambios sobre las actividades económicas, sociales y políticas. La nueva base material aplicada a la producción está constituida por la computadora electrónico-digital que ha reconfigurado las relaciones sociales de producción, distribución e intercambio en el mundo.
De esta manera, la sociedad contemporánea presenta una Economía del Conocimiento donde las actividades de creación, adaptación, difusión y depreciación del conocimiento ha crecido a un ritmo muy acelerado. En esta Economía del Conocimiento se estructura un nuevo patrón industrial de desarrollo donde surgen nuevas industrias (software y telecomunicaciones) y las tradicionales se ven rejuvenecidas por la aplicación productiva de las nuevas tecnologías.
En el plano económico-político, las relaciones patronales-salariales han sido obligadas a cambiar de acuerdo a las exigencias de estas nuevas condiciones. Las políticas económicas de los países -sobre todo los países desarrollados-
han sido orientadas a la inversión en investigación y desarrollo tecnológico, educación, salud y en la constitución de sistemas nacionales de innovación como elemento fundamental para el desarrollo del país.
La llamada globalización ha sido posible gracias a estos logros tecnológicos del sector electrónico-informático que ha permitido una nueva división del trabajo basada en las cadenas globales de producción asignando una cierta actividad -por medio de la subcontratación y similares- entre productores, distribuidores y compradores.
La rentabilidad del conocimiento sólo es posible cuando este se ha codificado, transformándose en conocimiento codificado (modelo, reglas generales, etc.) y quedando disponible para que algún agente trabaje con ello, en su beneficio
El Gobierno promulgó la Ley 27.570, de Economía del Conocimiento, sancionada el 8 de octubre pasado, a través del Decreto 818/2020 Antes de eso, la ley 27056 del 22/05/2019 y anteriormente, la ley de software del año 2004. Con estos instrumentos se pretendió favorecer el desarrollo de esta nueva industria. En todas las normativas hay pro y contra pero, se espera, que sigan acompañando el avance de la industria y adaptándose a las circunstancias que se vayan produciendo.
La Economía del Conocimiento es vital para la Argentina. Son las industrias y los servicios que permitirán dar un salto en el desarrollo del país, lo que aumentará transversalmente la productividad y la creación de empleo en toda la economía. El Régimen de Promoción de la Economía del Conocimiento tiene como objeto la creación, diseño, desarrollo, producción e implementación o adaptación de productos y servicios, y así promueve los siguientes rubros: Generación de empleo inclusivo y de calidad Fortalecimiento del ecosistema emprendedor.
Es un sector fundamental por la cantidad y calidad del empleo inclusivo que genera.
Avizora, potencialmente, un extraordinario crecimiento de empleos. Impulsa una cultura empresarial muy dinámica con emprendimientos de vanguardia, de base federal y multitemática.
Crecimiento como complejo exportador. Es el segmento de la economía que más ha crecido: fue el segundo rubro exportable del país en 2017. Ley de alcance federal. Transversalidad con otras industrias. Impulsa el desarrollo productivo e innovador en cada punto del país, lo que genera ecosistemas regionales de articulación nacional y proyección internacional. Impacta en todos los sectores económicos, mejora procesos, aumenta la eficiencia, baja costos y genera innovación, con mayor productividad, integración global y calidad de empleo. Software, servicios informáticos y digitales. Producción y posproducción audiovisual. Biotecnología, neurotecnología e ingeniería genética. Servicios geológicos y de prospección. Servicios profesionales de exportación. Nanotecnología y nanociencia. Industria aeroespacial y satelital. Inteligencia artificial, robótica, (IOT) Internet de las cosas. Actividades de ingeniería, ciencias exactas y naturales, ciencias agropecuarias y ciencias médicas vinculadas a tareas de investigación y desarrollo experimental. Superávit externo Competitividad global En la última década, la Economía del Conocimiento generó un superávit anual constante en la balanza externa. De esta manera, hoy Argentina es el único país de la región con este saldo positivo. Todos los países de la región están apostando al desarrollo de estas actividades. Es fundamental aprovechar el diferencial argentino de talento y creatividad con medidas concretas de impulso y estabilidad.
¿Qué es? La Economía del Conocimiento está integrada por aquellas actividades productivas que se caracterizan por el uso intensivo de tecnología y que requieren capital humano altamente calificado. Representa a sectores de enorme potencial de desarrollo para futuras generaciones.
Sin embargo, no está creciendo al ritmo de la media internacional de su grupo. Como resultado, Argentina perdió la oportunidad de crear 130 mil puestos de trabajo calificado y redujo significativamente su participación en el mercado global. Si no se revierte esta tendencia, el país corre el riesgo de quedar excluido de la evolución mundial y desaprovechar el potencial del talento local.
El valor de las exportaciones argentinas de EdC en 2019 fue de u$s 6088 millones.
Debido a su vinculación directa con el mercado global en expansión, y a pesar de los inconvenientes para desarrollarse en un medio local tan incierto, la EdC sigue ofreciendo una oportunidad inmediata y sustentable para el crecimiento de la economía argentina. ** Fuente Argencon
El mundo IT es el sector que nivela la cancha y promueve la movilidad social. Somos competitivos, desarrollamos oportunidades de desarrollo y formación para todas las personas, de todas las edades, sexos y sectores sociales, de todo el país”, indicó Sergio Candelo, presidente de CESSI. Las cinco empresas argentinas que llegaron a la valoración de unicornios (más de u$s 1.000 millones) son, MercadoLibre, Globant, Despegar, OLX y Auth0. Pero no serán las únicas: los expertos catalogaron a Ualá, Satellogic, Agrofy, Technisys y Etermax como “futuros unicornios” según datos de Arcap.
Estas empresas son espejo y estímulo para el resto de la sociedad de hasta donde se puede lograr con conocimiento, perseverancia y esfuerzo.
La EdC ofrece la oportunidad de ascenso social a todas las personas sin discriminación alguna. Es un nuevo y estimulante hito en la historia de la humanidad. Los argentinos, sobre todos los jóvenes, tienen la posibilidad insertarse en trabajos de calidad y bien remunerados.
El ecosistema formado a partir de la EdC obra como efecto multiplicador para el crecimiento y desarrollo de la industria. Estamos frente al nacimiento y desarrollo de nuevas oportunidades. El estado, en todos sus estamentos, nacional, provincial y municipal, tiene que asumir el compromiso de involucrarse plenamente, con apoyos educativos, tributarios, logísticos, económicos, investigación y desarrollo, etc. Afortunadamente, en este andar de cosas dependemos exclusivamente de nosotros mismos. Es el curso de los acontecimientos que nos vuelve a favorecer con su varita mágica. No podemos fallar.
Ricardo Bianchi