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Policiales

“Los simulacros de violación eran habituales”: una militante y tres años de horror en un prostíbulo

Javiera Sarraz es chilena pero vive en Argentina. Acaba de denunciar, tanto en su país como en la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas local (PROTEX), que al menos dos líderes de la organización en la que militaba la obligaron a prostituirse y que, adentro de los burdeles, padeció hasta simulacros de ahorcamientos. La historia de una sobreviviente que ahora busca desbaratar una presunta red de trata

Ailén Lazarte

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“Los simulacros de violación eran habituales”: una militante y tres años de horror en un prostíbulo

Enumeraron las reglas el primer día, más bien la superficie de las reglas, porque por las napas corría un lado oculto, “siniestro” es la palabra que usa ella. Cada hombre que entrara a la sala de shows y quisiera acercarse, debía comprarle un trago. El objetivo era lograr una primera recaudación y difuminar los límites de todos: del que iba a gastar, para que gastara más, y de la que tenía que dejarse hacer, para que dejara hacerse más.

Había que conquistarlo para que quisiera luego pasar al “privado” y volver a pagar para tener relaciones sexuales. Sin embargo, lo que solía pasar en esos dos metros cuadrados no era sexo: “No, los simulacros de violación eran habituales”, cuenta a Infobae Javiera Sarraz, 30 años, estudiante del profesorado de Lengua y Literatura en la UBA, sobreviviente.

Las puertas de las habitaciones privadas -esa era otra de las reglas- se cerraban con llave por fuera, por lo que no había forma de huir. Se suponía que siempre había un guardia del otro lado con la orden de reaccionar si escuchaba a alguna chica gritar.

Ahora va en busca de justicia (Adrián Escandar)Ahora va en busca de justicia (Adrián Escandar)

“Pero eso nunca pasaba”, interrumpe ella. “Yo y muchas chicas fuimos golpeadas y maltratadas ahí adentro, con esos simulacros de violación o de ahorcamientos sin que el guardia jamás abriera la puerta”.

Javiera es chilena pero hace tiempo que vive en Buenos Aires. Tenía 22 años y era militante en una pequeña organización política cuando llegó, bajo amenazas concretas, a un prostíbulo del sur de Chile. Desde que logró salir del sistema, en 2017, se mantuvo callada pero algo que le revelaron hace pocos meses la hizo reaccionar.

Por eso viajó a su país a denunciar todo lo que había intentado, sin éxito, enterrar con silencio. Después volvió a Argentina y denunció en la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX) lo que hoy cuenta a Infobae.

Cómo llegué

A los 16 años, mientras iba al secundarioA los 16 años, mientras iba al secundario

“Conocí a los que iban a transformarse en mis proxenetas a los 14 años, cuando era una estudiante secundaria”, arranca Javiera. “A esa edad comencé a acercarme a la organización política que seis años después iba a prostituirme”.

Según su relato, la organización llegó al barrio de bajos recursos en el que ella vivía para analizar los problemas de vivienda de los vecinos. La familia de Javiera se acercó con la ilusión de resolver esa necesidad. En cambio ella, que había sido delegada estudiantil y siempre había tenido intereses políticos y sociales, quiso participar pero como una militante popular.

Su primera tarea fue organizar un taller de niños, a los que les daba el desayuno y les enseñaba, por ejemplo, música. “La organización se acercó al barrio con posiciones de izquierda. A mí las razones por las que planteaban luchar y organizarse me hacían sentido”, cuenta. Era una adolescente y, rápidamente, construyó un sólido sentido de pertenencia.

A los 18 años, cuando ya militaba con la organización a la que ahora denuncia A los 18 años, cuando ya militaba con la organización a la que ahora denuncia

“La imagen que uno tiene de un proxeneta es la de una novela negra: alguien que está en la oscuridad, un perverso escondido. Pero las mafias muchas veces vienen vestidas de otra cosa”, sigue, y barre con un estereotipo: “Uno de mis principales proxenetas era en ese momento un dirigente barrial que aparecía en la televisión, de manera que eso le daba legitimidad”.

No fue -detalló también en sus denuncias- un secuestro de película con una Traffic blanca. Fue, más bien, “el efecto de la rana hervida”: aquello de que la rana se va adaptando y no se da cuenta, hasta que es demasiado tarde, de que el agua se está calentando con ella adentro.

“En esos seis años hubo muchas maniobras por parte de ellos, de eso me doy cuenta ahora. Lo primero que hicieron fue alejarme de mi familia con la excusa de que eran un obstáculo para poder salir a militar cuando quisiera”, desanda. “Con el tiempo me fui de la casa de mis padres y comencé a ser estudiante universitaria. Después dijeron que la universidad también era un obstáculo”.

A los 18 años en Chile, su país de origen A los 18 años en Chile, su país de origen

A medida que Javiera se libraba de esos supuestos obstáculos “me daban más responsabilidades políticas. A esa altura ya estaba a cargo de varias asambleas populares, con 400 vecinos cada una. O sea, lo que me decían tenía sentido. Ahora me doy cuenta de que la maniobra fue alejarme de cualquier red de contención que yo tuviera: dejarme sola”.

Fue en 2014, cuando ya estaba muy comprometida con la organización, sin vivienda y sumida en una profunda depresión que le propusieron lo que ahora llama “una prueba militante”: “Dijeron que necesitaba una financiación que yo misma debía conseguir. Fue: ‘Bueno, si realmente estás comprometida tienes que estar dispuesta a prostituirte para financiar al partido”.

Dijo “no”: “Vengo de una familia que tiene una mirada muy dura respecto de la prostitución, donde se considera que siempre hay explotación hacia las mujeres. Pero cuando dije ‘no’ apareció la otra cara: ‘Bueno, si no lo hacés, entonces alguien de tu familia va a tener que hacerlo por vos’”.

A los 17 añosA los 17 años

Javiera tenía una familia numerosa y llena de mujeres: una madre, varias hermanas y primas señaladas para el sacrificio.

También ahora se dio cuenta de que la mantenían sedada. “Con la excusa de ‘estás muy estresada por tu actividad militante’, me mandaban a ver a un compañero que supuestamente era psiquiatra que me daba benzodiacepinas”, recapitula.

“Así que una compañera de militancia me sacó de Santiago de Chile y me llevó al sur, a uno de los prostíbulos que funcionan con patente de cabaret, es decir que son legales y están a la vista de todos. Cuando llegamos me di cuenta de que ella no era una chica prostituida más: era íntima amiga de los dueños, o sea, era también una proxeneta, una reclutadora”.

Fue a ese lugar donde, apenas llegó, le enumeraron las reglas.

Tres años dentro del sistema

Javiera ya denunció en su país y está en pleno proceso en Argentina (Adrián Escandar)Javiera ya denunció en su país y está en pleno proceso en Argentina (Adrián Escandar)

Le explicaron aquello de que primero debían invitarle alcohol: que cada trago iba a llegar con una pulsera colgando del sorbete y que las guardara bien, porque los domingos iban a pagarle por cada pulsera que tuviera.

Le explicaron aquello de tener que llevar luego al hombre al “privado”, de que los turnos duraban una hora, de que a lo largo de esa hora el hombre podía pedir lo que quisiera. Dijeron, también, que había un servicio llamado “salida”, por el que el hombre podía sacarla del lugar, hacerle lo que quisiera y donde quisiera y devolverla dos horas después.

“Más que miedo lo que sentí fue una gran sensación de irrealidad, tenía 22 años. Así como el alcohólico o el drogadicto es siempre el otro, uno nunca es ese porque uno es el que estudia, el que tiene una familia, yo pensaba lo mismo de una prostituta. Recuerdo inclusive sentirme alarmada por no sentir nada. La sensación era de ajenidad total”.

“Más que miedo lo que sentí fue una gran sensación de irrealidad", cuenta a Infobae (Adrián Escandar)“Más que miedo lo que sentí fue una gran sensación de irrealidad», cuenta a Infobae (Adrián Escandar)

La pregunta es qué era lo peor, qué recuerdos cree que no podrá enterrar.

Y es ahí donde Javiera habla de los “simulacros de violación que muchas veces se convertían en violaciones reales. Eran a través del uso de la fuerza, a veces simulando que te está ahorcando para matarte. No es como mucha gente piensa, que en un cabaret siempre hay un varón que sólo quiere sexo con una chica. En esos dos metros cuadrados muchos despliegan toda su perversión y su maldad”.

Javiera coimeaba a los camareros para que, en lugar de alcohol, le dieran agua. “No sé si eso era una desgracia o algo positivo. Una desgracia porque al otro día me acordaba de todo, a diferencia de mis compañeras que perdían la conciencia y no se acordaban de cosas muy traumáticas. Pero pienso que fue positivo porque estar consciente me permitió cuidarme más”.

“Ya no podía seguir viviendo conmigo misma, me había dado cuenta de que tenía que decidir: me suicidaba o buscaba la forma de cambiar de rumbo” (Adrián Escandar)“Ya no podía seguir viviendo conmigo misma, me había dado cuenta de que tenía que decidir: me suicidaba o buscaba la forma de cambiar de rumbo” (Adrián Escandar)

Otra práctica frecuente -describe- era que los hombres pagaran sólo para tomar cocaína con ellas. “Yo no consumía así que inventaba cosas para convencerlos. ‘Estoy embarazada’, ‘estoy en rehabilitación’, o ‘la última vez me dio un ataque’”, cuenta.

¿Cuántas veces por día, cuántos hombres por día?

“Al principio me llevaban sólo los fines de semana, después todos los días, porque ya vivía ahí, en la casa del prostíbulo. Eran 2 o 3 hombres por día. No había cómo zafar: si estaba menstruando tenía que prostituirme igual, si estabas con un ataque de ansiedad veían qué pastilla darte para calmarte y que puedas volver a la sala de shows”.

Sucedieron, en ese contexto, dos escenas que le permitieron verse desde afuera.

En sus denuncias detalló lo que sucedió en esos tres añosEn sus denuncias detalló lo que sucedió en esos tres años

“Tenía una compañera con la que solía hablar mucho. Un día la encontré en el baño. Estaba muy drogada, muy alcoholizada y con una crisis de pánico muy fuerte. En ese momento entró un camarero y le dio un Diazepam, no para asistirla sino porque le tocaba hacer el show”, recuerda.

“Habrán pasado 10 minutos y la subieron al escenario, era bailarina de pole dance y hacía acrobacias en la altura. En un momento estaba subida al caño, arriba de todo, y cayó desmayada al escenario, quedó inconsciente, fracturada y ellos, en lugar de ir a buscarla, apagaron las luces y esperaron a que alguna de nosotras fuera a ayudarla”.

"Eran 2 o 3 hombres por día", cuenta (Adrián Escandar)«Eran 2 o 3 hombres por día», cuenta (Adrián Escandar)

La idea de irse era una fantasía permanente. Javiera dice que no pudo al comienzo, pero no porque hubiera un guardia apuntándola.

“Había perdido contacto con mi familia, con mis amigos, no manejaba plata, no tenía documentos. Pensaba ‘¿y si me escapo adónde me voy?’. Pensar en llegar a mi casa y decirle a mi mamá o a mi papá ‘me estuvieron prostituyendo’ era una carga emocional tan pesada, un estigma tan grande, que se me presentaba como un imposible”.

La segunda situación que le permitió verse de afuera sucedió, según su denuncia, en 2017, cuando ya hacía tres años que la habían paseado por varios prostíbulos. “Veo a una de mis compañeras que la estaban violando mientras estaba inconsciente”, dispara. “Sin embargo, la preocupación de esta gente era que otros hombres vieran eso y que creyeran que se podía hacer sin pagar”.

Javiera Sarraz vive hace tiempo en un barrio de Buenos AiresJaviera Sarraz vive hace tiempo en un barrio de Buenos Aires

Javiera -cuenta después- se peleó con todos a los gritos, “de una forma muy catártica”. Esa ficha empujó a la última.

“Ya no podía seguir viviendo conmigo misma, me había dado cuenta de que tenía que decidir: o me suicidaba o buscaba la forma de cambiar de rumbo”.

Por primera vez, lo veía posible. “Habían captado a más chicas, la atención no estaba tan puesta sobre mí. A veces me quedaba sola y sin vigilancia, habían empezado a dejarme salir y me puse de novia. Salía y volvía, porque durante mucho tiempo ellos fueron todo lo que tenía, pero de repente me di cuenta de que afuera había encontrado un lugar de contención”.

La fantasía de irse era permanenteLa fantasía de irse era permanente

Dinero tenía poco. Cada pulsera equivalía, en aquella época, a casi 800 pesos argentinos de hoy. “Y muchas veces te las terminaban robando, por lo que no cobrabas un peso”, sonríe con sorna. “También nos cobraban multas. Si te demorabas en entrar a bailar, dos pulseras menos. Si te demorabas en llevar al varón al privado o en vestirte: multa”.

Y es en esos pagos donde Javiera encontró una forma de apoyarse ahora: “Al principio me pagaban en efectivo, yo retiraba la plata de la caja y se la tenía que pasar a una de mis proxenetas. Pero después el prostíbulo empezó a transferir directamente a mis proxenetas lo que yo producía. Esas transferencias bancarias son evidencias con las que la Justicia puede probar lo que me hicieron”.

Un día de 2017 Javiera aprovechó que estaba sola, juntó sus cosas, pidió un Uber y se fue. Miró para atrás cuando subió al auto: nadie había salido a buscarla.

Un monstruo

Se fue en 2017 (Adrián Escandar)Se fue en 2017 (Adrián Escandar)

“¿En qué me convirtieron?”, piensa ahora Javiera, mientras toma café en un bar de Buenos Aires. “En una mujer con miedo”.

También con culpa: “Mi vida anterior había sido defender a las vecinas que eran maltratadas por sus maridos, muchas veces entraba a las casas a rescatarlas. De pronto… yo era la mujer a la que había que rescatar. En algún momento hasta me sentí culpable, como si yo misma me hubiera transformado en esos monstruos contra los que luchaba”.

Desde que se fue Javiera trató de rearmar una vida como sobreviviente y no pudo hacer más que sostener el silencio.

Javiera Sarraz, libreJaviera Sarraz, libre

“Pero hace un par de meses me encontré con una chica que había estado captada por estos mismos proxenetas y me contó que estaban inscribiéndose en universidades públicas en Argentina. Dijo que lo que hacían era cursar un par de meses y convencer a otras chicas de ir a militar para después prostituirlas en Chile. Ahí fue donde dije ‘tengo que hacer la denuncia ya’”.

Como parte de lo que padeció sucedió en Argentina, el lunes Javiera hizo la denuncia en la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX), a cargo del fiscal Marcelo Colombo. La investigación contra el hombre al que señaló como su explotador -Miguel Pavez Hidalgo, chileno, 42 años, dirigente de una agrupación política llamada GAP- ya está en marcha. Javiera no es la única denunciante y, además, hay testigos.

Según comprobó la PROTEX, el hombre efectivamente está inscripto como alumno en al menos cinco universidades públicas argentinas (la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Nacional Tecnológica en Haedo, la Universidad Nacional Arturo Jauretche, de Florencio Varela, y la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca).

Antes Javiera viajó a Chile y se presentó ante la “Brigada de delitos sexuales de la policía de investigaciones”, a cargo del fiscal Patricio Cooper. Por ahora, la carátula es “violación a mayor de 14 años” (porque también denunció que Pavez la forzó a tener relaciones sexuales a cambio de un lugar donde vivir) pero lo que ella busca es que en Chile también se investigue como proxenetismo y trata de personas: que vayan a esos cabarets y corran los velos de “lo legal” para encontrar el agua turbia que sigue corriendo por las napas.

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Policiales

Hallaron muerto a un hombre tras un incendio en un local de la zona oeste

Ocurrió este jueves por la mañana en Cochabamba al 6600. La víctima tenía 63 años y fue encontrada dentro del comercio por los bomberos. La causa del deceso permanece bajo investigación.

Ailén Lazarte

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El cuerpo de un hombre de 63 años, identificado en el parte oficial como A., fue hallado sin vida este jueves por la mañana en el interior de un local comercial ubicado en Cochabamba al 6600, en la zona oeste de Rosario, tras desencadenarse un principio de incendio.

Según las primeras informaciones recabadas por el móvil de El Tres TV, el fuego habría comenzado entre las 8:00 y las 8:30. Sin embargo, no fue hasta las 9:00 que los vecinos advirtieron la presencia de humo y alertaron al 911.

Al arribar al lugar, la dotación de bomberos constató que la puerta de ingreso se encontraba abierta. El inmueble, una estructura de material de unos 5 metros de largo por 3 de ancho dividida en dos ambientes (una oficina contable y un baño), presentaba una humareda concentrada.

Equipados con los elementos de protección adecuados, los agentes ingresaron para realizar tareas de búsqueda y rescate. En el lugar hallaron a un hombre que no respondía a los estímulos. Tras solicitar la presencia del Sies, un médico constató el fallecimiento de la víctima en la misma escena.

El incendio afortunadamente no se propagó hacia sectores linderos. Los daños materiales se concentraron en una impresora, un equipo de aire acondicionado y un mueble de madera, además de provocar un tiznamiento generalizado en paredes y techos.

El informe preliminar de Bomberos no precisa por el momento la causa exacta del fallecimiento ni confirma si la muerte fue consecuencia directa del fuego o del humo. Por motivos de operativo de seguridad y peritajes policiales, el tránsito vehicular en la zona permanece cortado sobre la calle Cochabamba, antes de su intersección con la avenida Provincias Unidas.

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Policiales

Ataque a tiros y nota mafiosa contra un departamento en un complejo Fonavi de Villa Gobernador Gálvez

El hecho violento ocurrió durante la madrugada de este lunes en un inmueble del tercer piso ubicado sobre Marino Bruno al 400. El agresor, que actuó a pie, abrió fuego y dejó un mensaje de intimidación. Durante el operativo de la Policía, un hombre resultó aprehendido por la tenencia de una motocicleta robada.

Ailén Lazarte

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La madrugada de este lunes se vio alterada por un nuevo episodio de violencia armada en la localidad de Villa Gobernador Gálvez. Una vivienda perteneciente a un complejo habitacional Fonavi, situado en la calle Marino Bruno al 400, fue blanco de una balacera perpetrada por un sujeto que se desplazaba a pie y que, tras efectuar los disparos, dejó una nota con contenido intimidatorio en la escena.

De acuerdo con las primeras informaciones del hecho, el ataque estuvo dirigido puntualmente contra un departamento ubicado en el tercer piso de la Torre 6 del mencionado Fonavi.

Efectivos policiales que acudieron al lugar tras la alerta entrevistaron a la residente del domicilio atacado, una joven de 18 años. En su testimonio, la víctima relató que al momento de la balacera no se encontraba en su piso, sino en la propiedad de una amiga dentro del mismo complejo habitacional. Al salir a la vía pública tras escuchar las detonaciones, llegó a observar al agresor en plena huida, destacando que vestía prendas deportivas vinculadas al club Rosario Central.

Al acercarse al acceso de su vivienda, la joven halló en la puerta un escrito con una amenaza de muerte directa. Por otra parte, en el cotejo de datos efectuado por las fuerzas de seguridad, se constató que la dueña de casa cuenta con antecedentes recientes en los registros del sistema policial: en agosto pasado había sido demorada durante un procedimiento en el que las autoridades incautaron un arma de fuego, cartuchos y dinero en efectivo.

Un secuestro vehicular en medio del operativo policial

Mientras el personal policial desplegaba las actuaciones correspondientes, los peritajes e inspecciones de rigor en los alrededores de la Torre 6, los agentes detectaron en las inmediaciones una motocicleta estacionada que poseía un pedido de secuestro activo por robo.

En ese instante se presentó en el lugar un hombre que se identificó como el supuesto propietario del rodado. Ante la consulta de las autoridades, el individuo explicó que el vehículo le había sido entregado recientemente como parte de pago tras concretar una operación comercial. Pese a sus aclaraciones verbales, los efectivos procedieron a su aprehensión y lo trasladaron a la sede de la Comisaría 29ª para dar curso a las actuaciones judiciales de rigor.

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Espectáculos & TV

Pity Álvarez chocó contra un auto en una estación de servicio y se retiró sin entregar la documentación

El músico embistió a un Peugeot 208 mientras realizaba una maniobra marcha atrás en un establecimiento de la Ciudad de Buenos Aires. El afectado denunció que el excantante de Intoxicados se negó a intercambiar datos argumentando «problemas legales» y se fue del lugar.

Ailén Lazarte

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Incidente vial en la madrugada porteña

El músico Cristian “Pity” Álvarez protagonizó durante la madrugada de este martes un siniestro vial en el interior de una estación de servicio ubicada en la Ciudad de Buenos Aires. A pesar de que el impacto no provocó heridos, el hecho derivó en una denuncia policial debido a la conducta del artista tras el choque.

El episodio se registró alrededor de las 2:00. Un joven de 24 años se disponía a retirar su vehículo Peugeot 208 luego de cargar combustible cuando fue colisionado por un Volkswagen Bora que realizaba una maniobra marcha atrás. La maniobra provocó daños materiales en ambas puertas y en el sector delantero del lado del acompañante del auto embestido.

Denuncia y abandono del lugar

Tras el impacto, el conductor del Peugeot descendió de su vehículo para solicitar la documentación correspondiente para el trámite del seguro. En ese instante reconoció al exlíder de Viejas Locas e Intoxicados al volante del rodado.

De acuerdo a la exposición formulada ante las autoridades policiales, Álvarez se negó a exhibir su documentación personal y la del automotor. Según el relato del denunciante, el músico se limitó a expresar «Tengo problemas legales, me tengo que ir» para luego retirarse del predio.

Posteriormente, las verificaciones en el sistema de patentes de la Policía confirmaron que la titularidad del Volkswagen Bora corresponde efectivamente a Cristian Gabriel Álvarez Congiú. Por el hecho tomó intervención la Unidad de Flagrancia Norte.

En tanto, el abogado defensor del artista, Sebastián Queijeiro, confirmó públicamente que el músico había abordado el rodado durante las primeras horas de la jornada y se había retirado de su domicilio «sin avisar».

Proceso judicial en curso

El incidente vial se produce en un contexto judicial complejo para el músico, quien atraviesa el juicio oral y público por el homicidio de Cristian Díaz, hecho perpetrado en 2018 en el barrio porteño de Villa Lugano. Las audiencias del debate se reactivaron con la declaración de testigos y peritos de la causa.

En el plano profesional, el cantante había retomado sus presentaciones en vivo tras un prolongado parate, incluyendo un multitudinario recital brindado en mayo en el Autódromo Municipal de Rosario.

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