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Policiales

Violento robo en zona oeste: asaltaron a un hombre cuando llegaba a su casa y le llevaron la moto

La víctima fue interceptada por dos delincuentes armados al regresar a su vivienda. El hecho ocurrió durante la noche y quedó bajo investigación policial.

Ailén Lazarte

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Un nuevo episodio de inseguridad volvió a encender la preocupación en Rosario luego de que un hombre fuera víctima de un robo a mano armada en la zona oeste de la ciudad.

El hecho ocurrió durante la noche del jueves, cuando la víctima llegaba a su domicilio a bordo de una motocicleta y fue sorprendida por dos delincuentes que se movilizaban en otro rodado.

Según trascendió, los ladrones interceptaron al conductor a pocos metros de ingresar a su vivienda y, bajo amenazas con un arma de fuego, le exigieron que entregara la moto y sus pertenencias personales.

Sin posibilidad de resistirse, el hombre descendió del vehículo y entregó tanto el rodado como documentación y objetos de valor. Tras concretar el robo, los delincuentes escaparon rápidamente del lugar con rumbo desconocido.

Vecinos de la cuadra alertaron a la policía tras escuchar gritos y advertir movimientos sospechosos. Minutos después arribó personal policial, que tomó declaración a la víctima e inició un relevamiento en la zona.

Fuentes vinculadas a la investigación indicaron que se están analizando cámaras de videovigilancia públicas y privadas para intentar reconstruir el recorrido de los asaltantes y determinar si participaron en otros hechos recientes bajo una modalidad similar.

La denuncia fue radicada en la comisaría correspondiente y la causa quedó en manos del Ministerio Público de la Acusación, que ordenó medidas investigativas para intentar identificar a los responsables.

El episodio se suma a otros robos registrados en distintos barrios rosarinos durante las últimas semanas, muchos de ellos con el mismo patrón: abordajes rápidos, armas de fuego y fuga inmediata en motocicletas.

Mientras avanza la investigación, vecinos reclamaron mayor presencia policial y controles preventivos en horarios nocturnos.

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Policiales

Giro de horror en Rosario: caen nueve policías acusados de prender fuego vivo a un hombre en un operativo

Una mentira oficial que se sostuvo durante dos años terminó de desmoronarse por completo. Nueve efectivos de la Policía de Santa Fe fueron detenidos en las últimas horas y serán llevados a audiencia imputativa el próximo martes, acusados de un aberrante caso de violencia institucional: haber rociado con alcohol y prendido fuego a un hombre durante un procedimiento, para luego armar un acta falsa y hacer pasar el ataque como un accidente doméstico.

Ailén Lazarte

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El hecho, que permanecía bajo un manto de impunidad, ocurrió el 27 de mayo de 2024 en la calle Larrechea al 1900, en la zona norte de Rosario. Aquella jornada, los uniformados irrumpieron en el lugar en el marco de un operativo de flagrancia por narcomenudeo, donde detuvieron a un grupo de personas con estupefacientes. En medio del despliegue, Raúl Andrés A., de 42 años, sufrió quemaduras críticas en todo su cuerpo.

La primera versión que los policías plasmaron en los papeles oficiales fue burda: aseguraron que el sospechoso había intentado quemar una mochila para destruir evidencia y que, de manera accidental, las llamas lo habían alcanzado. Sin embargo, tras una minuciosa investigación penal y la intervención de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad, la verdad salió a la luz. La propia víctima, quien logró sobrevivir tras pasar meses en terapia intensiva, relató el horror en primera persona: los efectivos le vertieron una botella de alcohol etílico sobre el cuerpo y, con total crueldad, le acercaron fuego.

Las secuelas para Raúl Andrés A. son devastadoras y definitivas: quedó traqueotomizado, con el cuerpo cubierto de cicatrices y con la pérdida total de la voz.

El próximo martes, el fiscal Pablo Socca sentará en el banquillo de los acusados a los nueve implicados bajo una catarata de cargos que anticipa penas altísimas. La imputación principal será por tentativa de homicidio calificado por alevosía, ensañamiento y por ser miembros de una fuerza de seguridad. A esto se le sumarán los delitos de falsedad ideológica (por inventar el acta), amenazas coactivas, encubrimiento agravado e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Los policías que terminaron tras las rejas y enfrentan la destitución inmediata fueron identificados oficialmente como David Z., Omar C., Juan José Feliciano G., Maximiliano O., Jesús B., Maximiliano C., Isaias B., Estela B. y Maria Eugenia N., desnudando una trama de complicidad corporativa que la Justicia santafesina busca desmantelar de raíz.

El hecho, que permanecía bajo un manto de impunidad, ocurrió el 27 de mayo de 2024 en la calle Larrechea al 1900, en la zona norte de Rosario. Aquella jornada, los uniformados irrumpieron en el lugar en el marco de un operativo de flagrancia por narcomenudeo, donde detuvieron a un grupo de personas con estupefacientes. En medio del despliegue, Raúl Andrés A., de 42 años, sufrió quemaduras críticas en todo su cuerpo.

La primera versión que los policías plasmaron en los papeles oficiales fue burda: aseguraron que el sospechoso había intentado quemar una mochila para destruir evidencia y que, de manera accidental, las llamas lo habían alcanzado. Sin embargo, tras una minuciosa investigación penal y la intervención de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad, la verdad salió a la luz. La propia víctima, quien logró sobrevivir tras pasar meses en terapia intensiva, relató el horror en primera persona: los efectivos le vertieron una botella de alcohol etílico sobre el cuerpo y, con total crueldad, le acercaron fuego.

Las secuelas para Raúl Andrés A. son devastadoras y definitivas: quedó traqueotomizado, con el cuerpo cubierto de cicatrices y con la pérdida total de la voz.

El próximo martes, el fiscal Pablo Socca sentará en el banquillo de los acusados a los nueve implicados bajo una catarata de cargos que anticipa penas altísimas. La imputación principal será por tentativa de homicidio calificado por alevosía, ensañamiento y por ser miembros de una fuerza de seguridad. A esto se le sumarán los delitos de falsedad ideológica (por inventar el acta), amenazas coactivas, encubrimiento agravado e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Los policías que terminaron tras las rejas y enfrentan la destitución inmediata fueron identificados oficialmente como David Z., Omar C., Juan José Feliciano G., Maximiliano O., Jesús B., Maximiliano C., Isaias B., Estela B. y Maria Eugenia N., desnudando una trama de complicidad corporativa que la Justicia santafesina busca desmantelar de raíz.

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Policiales

Horror en Empalme Graneros: se multiplican las denuncias por abuso sexual en un jardín de infantes

La comunidad educativa del barrio Empalme Graneros se encuentra atravesada por la angustia y la indignación. En las últimas horas, la tensión frente al Jardín de Infantes N° 234 «Justo José de Urquiza», ubicado en la intersección de las calles Juan José Paso y Larrechea, escaló por completo tras confirmarse que ya suman al menos tres las denuncias formales por presuntos abusos sexuales cometidos contra niños de las salas de 4 y 5 años. Las familias exigen respuestas inmediatas a las autoridades ministeriales y el apartamiento preventivo de todo el personal bajo sospecha.

Ailén Lazarte

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El caso que encendió las alarmas judiciales tuvo como denunciante a la madre de un alumno de 5 años, quien radicó la presentación el pasado lunes ante la Comisaría de la Mujer. Según el crudo relato de la mujer, su hijo comenzó a manifestar cambios drásticos en su conducta y, tras un proceso de contención familiar, logró poner en palabras los ultrajes que presuntamente ocurrían dentro del establecimiento escolar durante el horario de clases.

A partir de la difusión de este primer hecho, el efecto dominó fue inmediato. Otras dos familias de la institución se presentaron ante los Centros Territoriales de Denuncia (CTD) manifestando relatos con alarmantes coincidencias metodológicas y señalando el mismo entorno como escenario de los ataques. La investigación penal quedó centralizada en la Unidad Fiscal de Delitos contra la Integridad Sexual del Ministerio Público de la Acusación (MPA), donde ya se ordenaron las primeras medidas de contención psicológica para las víctimas a través del equipo interdisciplinario de Cámaras Gesell.

Frente a las puertas del establecimiento, un nutrido grupo de padres y vecinos improvisó una protesta con carteles y aplausos para visibilizar el reclamo y exigir que el Ministerio de Educación provincial intervenga la institución de manera urgente. «Queremos saber quién cuidaba a nuestros hijos y por qué nadie vio nada; la dirección del jardín intentó minimizar el tema al principio y eso es complicidad», reclamó con dureza uno de los familiares presentes en la manifestación.

Mientras la Justicia avanza en la recolección de pruebas y peritajes clave para determinar las responsabilidades materiales dentro del jardín, las autoridades educativas dispusieron el inicio de un sumario administrativo interno, aunque para la comunidad afectada, los tiempos de la burocracia estatal corren muy por detrás del dolor y la urgencia de las familias.

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Policiales

El fin de la farsa: cayó en Córdoba uno de los siete prófugos más buscados de Santa Fe

La libertad clandestina de Samuel Elías Reyes terminó en un tranquilo pueblo del interior cordobés. El hombre, que cargaba sobre su espalda con una recompensa de 20 millones de pesos y el peso de ser uno de los criminales más buscados de la provincia de Santa Fe, fue cercado y detenido por la Unidad de Capturas de Alto Perfil (UCAP) de la Policía de Investigaciones (PDI). Lo buscaban por un ensañamiento brutal: el asesinato de Zamir Torres, un nene de apenas 4 años.

Ailén Lazarte

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El operativo que le puso las esposas a Reyes fue el resultado de semanas de inteligencia silenciosa, seguimientos y cruce de datos. El prófugo había elegido como búnker de soga la localidad de La Puerta, a unos 125 kilómetros de la capital cordobesa, creyendo que la distancia lo mantendría a salvo del radar santafesino. Sin embargo, el cerco sobre los fugitivos de máxima peligrosidad se activó con precisión quirúrgica.

El crimen que originó la cacería ocurrió el 9 de julio de 2025 en la ciudad de Frontera, un territorio de menos de 10 mil habitantes donde la violencia ligada al narcomenudeo se escribe con sangre con demasiada frecuencia. Aquella jornada, Brian «Peladito» Martínez —un exconvicto conocido en el ambiente policial— manejaba un Ford Fiesta por las inmediaciones de la calle 7. Sentado entre sus piernas iba su pequeño hijo, Zamir.

La emboscada fue letal. El vehículo fue interceptado y una ráfaga de al menos ocho balazos atravesó el parabrisas. Los atacantes no midieron consecuencias ni tuvieron piedad: «Peladito» Martínez sobrevivió milagrosamente a los impactos en su cuerpo, pero su pequeño hijo Zamir sufrió heridas gravísimas que le quitaron la vida, ante los ojos desesperados de su madre, quien intentó rescatarlo del auto en medio del horror. Horas más tarde, el Fiat Cronos usado por los sicarios —que tenía denuncia de robo en la localidad de Vila— apareció incendiado, en un intento por borrar las huellas.

Para los investigadores, el trasfondo detrás del ataque no es más que otra violenta disputa territorial entre bandas rústicas por el control de la droga en la región fronteriza.

Tras confirmarse la captura de Reyes, el ministro de Seguridad de Santa Fe, Pablo Cococcioni, destacó el funcionamiento del programa de recompensas como una pieza clave para quebrar los pactos de silencio: “Son delincuentes y muchas veces quienes conocen su paradero terminan aportando información. Lo importante es que la Justicia pueda actuar y que estas personas respondan por los delitos que cometieron”, remarcó. Ahora, el detenido deberá sentarse frente al tribunal para responder por una balacera que destruyó una familia y dejó una huella imborrable de crueldad en la provincia.

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