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Policiales

Descubren una banda de prestamistas colombianos que cobraba sus créditos con violencia

Detuvieron a un miembro del grupo de usureros que es ecuatoriano y a una empleada policial de la ex PDI que lo encubrió. Actuaban en la zona del mercado de productores.

eltribuno

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Descubren una banda de prestamistas colombianos que cobraba sus créditos con violencia

Alguien tocó la puerta de una casa de zona oeste a fines de agosto pasado como a las diez de la noche. Dijo ser un albañil que buscaba al propietario de la vivienda. El dueño salió mientras su esposa quedaba adentro con su hija de seis meses. Desde adentro la mujer escuchó dos sonidos secos y corrió a la puerta. Vio a su marido caído al suelo de rodillas, blanco como una hoja agarrándose el abdomen, murmurando con la voz igual de pálida: “Fue el colombiano”.

Esa fue la punta que permitió descubrir a una red de prestamistas informales integrada por colombianos, una más de las que operan en Rosario, prestando dinero a niveles de usura, contra los que se ordenaron varios allanamientos en domicilios de la zona oeste de la ciudad concretados esta mañana, entre ellos en el de una empleada policial de la ex PDI que le brindaba protección a uno de los líderes, que fue detenida. Otro de los detenidos es José Francisco Ch, uno de los que se presume prestamista, que no es colombiano sino ecuatoriano. Lo acusarán de acciones de usura y tentativa de homicidio

Este grupo presta plata en barrios pero es conocido en el mercado de productores de 27 de Febrero y San Nicolás. Ofrecen efectivo en general a personas sin condiciones de tomar dinero en entidades oficiales pero que tienen alguna actividad que les posibilita repago. El acuerdo es entregar una cantidad, por ejemplo 8 mil pesos, y devolver diariamente 200 en plazos muy largos, que se extiende hasta producir a los prestamistas entradas leoninas. Se calcula que ganan el 360 por ciento anual lo que supone un lucro exorbitante.

Pero demorarse en los pagos tiene costos altísimos que se cobran al contado. El balazo que casi mata a un hombre al que no se le perdonó un retraso dejó ver la organización de prestamistas y sus violentos cobradores que no toleran la mínima tardanza en los acuerdos. Uno de los que comandaba este grupo, conocido como Rafael, gozaba de la protección de una empleada policial de la Agencia de Investigación Criminal (AIC, ex PDI) que usó sus influencias para ayudarlo cuando estuvo en un serio aprieto: yendo en auto por la zona oeste lo detuvieron en un retén el 24 de noviembre último con 40 mil pesos en efectivo de imposible justificación. El colombiano la llamó por celular y le explicó lo ocurrido.

La conexión policial

La funcionaria policial le pidió que le pasara con el hombre del retén. Se identificó con su nombre, le explicó que era subinspectora de la AIC y le dijo: “Esta persona lleva ese dinero para pagar un operación por una persona que había fallecido de coronavirus en el Carrasco». Le solicitó que bajo su responsabilidad lo dejara ir. Ahora esta mujer será acusada en audiencia por incumplimiento de deberes y encubrimiento por los fiscales que investigaron, Federico Rébola y Valeria Haurigot.

El ataque contra Pedro M. fue el 25 de agosto en la calle Patagones al 4300, en la zona de Vía Honda. El que disparó, un supuesto colombiano conocido como Brian, utilizó un revólver calibre 38. Cuando la víctima estaba en el piso le dijo que si no pagaba volvería por su esposa y su hija. Se marchó en una moto Yamaha YBR blanca.

La víctima había conocido en el mercado de productores a los prestamistas, donde éstos son muy conocidos. Había tomado una deuda de 5 mil pesos. Fue pagando a diario con sus tareas de changarín pero al ser despedido se quedó sin chances de cumplir su compromiso. Por esa morosidad forzada le quedó para siempre una colostomía con una bolsa en el abdomen y un cambio de casa por el miedo a que regresen.

A partir de datos fragmentados la Brigada Operacional Delegación de Tribunales realizó tareas de pesquisa en el Mercado de Productores donde establecieron que personas de nacionalidad extranjera realizaban préstamos y cobranzas en el lugar. Uno e los que se dedicaba a eso era un tal Brian pero su verdadero nombre, decían, era Víctor. Y su socio era José Francisco Ch. quien tenía un permiso de circulación expedido por el mismo mercado. Allí constaban datos de su identidad y que utilizaba una moto cuya marca y patente figuraban. En su actividad registrada había escrito: “Servicio de cobranzas”.

La consulta al Registro Nacional de las Personas dejó claro que José Francisco Ch. no era colombiano sino ecuatoriano. Su fotografía era coincidente con las descripciones de la víctima del disparo. También quedaba claro que la moto que tenía a su nombre era la Yamaha usada para disparar contra el changarín.

La sombra del colombiano

Alguien tocó la puerta de una casa de zona oeste en agosto pasado como a las diez de la noche. Dijo ser un albañil que buscaba al dueño de la vivienda. El hombre salió mientras su esposa quedaba adentro con su hija de seis meses. Desde adentro la mujer escuchó dos sonidos secos y corrió a la puerta. Vio a su marido caído al suelo de rodillas, blanco como una hoja agarrándose el abdomen, murmurando con la voz igual de pálida: “Fue el colombiano”.

Esa fue la punta que permitió descubrir a una red de prestamistas informales integrada por colombianos, una más de las que operan en Rosario, prestando dinero a niveles de usura. Este grupo no solo presta plata en barrios sino en el mercado de productores de 27 de Febrero y San Nicolás. Ofrecen efectivo en general a personas sin condiciones de tomar dinero en entidades de crédito pero que tienen alguna actividad que les posibilita capacidad de repago. El acuerdo es entregar una cantidad, por ejemplo 8 mil pesos, y devolver diariamente 200 en plazos muy largos, que se extiende hasta producir a los prestamistas entradas leoninas. Se calcula que ganan el 360 por ciento anual lo que es un lucro exorbitante.

Pero demorarse en los pagos también tiene costos altísimos que se cobran al contado. El balazo que casi mata a un hombre al que no se le perdonó un retraso dejó ver la organización de prestamistas y sus violentos cobradores. Uno de los que la comandaba gozaba de la protección de una empleada policial de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) que usó sus influencias para ayudarlo cuando estuvo en un serio aprieto: en un retén lo detuvieron el 24 de noviembre último yendo en auto con 40 mil pesos en efectivo de imposible justificación. El colombiano la llamó por celular y le explicó lo ocurrido. La funcionaria policial le pidió que le pasara con el hombre del retén. Se identificó con su nombre, le explicó que era de la AIC y le dijo: “Esta persona lleva ese dinero para pagar un operación por una persona que había fallecido de coronavirus en el Carrasco. Bajo mi responsabilidad déjelo pasar”.

El ataque contra Pedro M. fue el 25 de agosto en la zona de Vía Honda. El que disparó, un colombiano conocido como Brian, utilizó un revólver calibre 38. Cuando la víctima estaba en el piso le dijo que si no pagaba volvería por su esposa y su hija. Se marchó en una moto Yamaha YBR blanca.

La víctima había conocido a los prestamistas en el mercado de Fisherton donde éstos son muy conocidos. Había tomado una deuda de 5 mil pesos. Fue pagando a diario con sus tareas de changarín pero al ser despedido se quedó sin chances de cumplir su compromiso. Por esa morosidad forzada le quedó para siempre una colostomía con una bolsa en el abdomen y un cambio de casa por el miedo a que regresen.

Las escuchas telefónicas

A partir de datos fragmentados la Brigada de Tribunales realizó tareas de pesquisa en el Mercado de Productores donde establecieron que personas de nacionalidad extranjera realizaban préstamos y cobranzas en el lugar. Uno e los que se dedicaba a eso era un tal Brian pero su verdadero nombre, decían, era Víctor. Y su socio era José Ch. quien tenía un permiso de circulación expedido por el mismo mercado. Allí constaban datos de su identidad y que utilizaba una moto cuya marca y patente figuraban. En su actividad registrada había escrito: “Servicio de cobranzas”.

Las escuchas telefónicas ordenadas reflejan con elocuencia que los diálogos son entre personas que se dedican a préstar dinero y a cobrar con una tasa de retorno usuraria. Hay también referencia a que organizan la compra de dólar ahorro a través de terceras personas que prestan su nombre y su DNI para comprar hasta 200 dólares a precio oficial y luego negociarlos a un precio mayor en el mercado blue “obteniendo con esta maniobra una ganancia en fraude y violación contra el orden financiero vigente”.

En varios diálogos captados se evidencia la forma de otorgamiento de créditos, los altos montos negociados y la tasa usuraria cobrada. Se advierte en varios casos que los clientes toman dinero luego de cancelar sus créditos. Por ejemplo se habla en una ocasión de un préstamo de 10 mil pesos con devoluciones a razón de 750 pesos por día en un plazo que ubican la tasa de interés a 360 por ciento anual.

Estas personas hablan con otra persona de nombre Rafael que es el que demuestra tener mayor capacidad económica, que está identificado y tiene pedido de captura.

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Un presunto soldadito narco intentó coimear a la Policía para «liberar la zona» y terminó preso

Ocurrió en las inmediaciones del inconcluso Hospital Regional Sur. El acusado ofreció 100 mil pesos a dos suboficiales para que apagaran las luces del patrullero porque «estorbaban a los clientes». Al ser rechazado, los amenazó con tirotear el móvil.

Ailén Lazarte

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Impunidad total en el extremo sur

Un insólito episodio de violencia e impunidad urbana terminó con un presunto soldadito narco tras las rejas. La Justicia provincial dictó prisión preventiva efectiva por 60 días para Juan Ezequiel F. (28 años), acusado de intentar coimear a dos policías apostados en las inmediaciones del Hospital Regional Sur (Rosario) para liberar el sector a la venta de estupefacientes.

El hecho ocurrió cerca de las 23:30 del pasado miércoles 8 de julio en la intersección de calle Heliotropo y un pasaje sin nombre, en el límite con el asentamiento precario conocido como «Ciudad Perdida». Allí, el imputado y otro sospechoso aún no identificado se acercaron a un patrullero que realizaba tareas de prevención y les ofrecieron $100.000 en efectivo para que apagaran las balizas y se retiraran, argumentando que su presencia «estorbaba» el paso de los clientes del búnker de la zona.

De la coima a las amenazas con armas

Ante el rotundo rechazo de los dos suboficiales, la situación escaló rápidamente a la violencia física y verbal. Los sospechosos advirtieron que si el móvil policial no se iba del lugar, comenzarían a dispararles. De acuerdo con el acta de imputación de la fiscal Josefina Bertotto, Juan Ezequiel F. hizo ademanes de extraer un arma de fuego de su cintura, lo que desencadenó una breve persecución que culminó con su detención.

Incluso tras ser reducido, el acusado continuó amenazando de muerte a los uniformados, asegurando que los buscaría para balearlos una vez que recuperara la libertad. En la requisa posterior, los agentes le secuestraron la suma de $120.900 en efectivo. La jueza Verónica Lamas González convalidó la imputación por los delitos de cohecho y amenazas coactivas.

 El Hospital Regional Sur: Saqueo y territorio en disputa

El fallido intento de coima vuelve a poner el foco sobre el predio del Hospital Regional Sur, una megaestructura sanitaria cuya construcción se inició en 2011 y que permanece inconclusa tras 15 años de abandono. El lugar se ha convertido en un blanco constante de desguace y robo hormiga de materiales, lo que obligó al gobierno provincial a reforzar la custodia policial permanente.

Alrededor de esta colosal estructura de hormigón creció el asentamiento de barrio Las Flores Sur, un territorio altamente disputado por bandas dedicadas al narcomenudeo. En este sector se registraron graves hechos de sangre en los últimos meses:

  • Diciembre pasado: Tres personas fueron ejecutadas a balazos en un camino de tierra de «Ciudad Perdida», en un presunto ataque para «quemar» la plaza de venta de una banda rival.

  • Octubre pasado: Una balacera contra un búnker lindero a la obra del hospital terminó con el asesinato de Daniela Salva (34) y dos heridos de gravedad.

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Apartaron y detuvieron a dos agentes por robarle 1.500 dólares a un conductor en un control

Ocurrió en pleno bulevar de la ciudad de Santa Fe. Los suboficiales de la Brigada Motorizada le exigieron una coima de 400 dólares a un automovilista para no demorarlo, pero además le manotearon el resto del efectivo. Asuntos Internos los detuvo y les encontró los billetes encima.

Ailén Lazarte

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Corrupción en un control de rutina

Un grave caso de violencia institucional sacude a la policía provincial. Dos suboficiales pertenecientes a la Brigada Motorizada de la Unidad Regional I fueron apartados de sus funciones y permanecen privados de la libertad, acusados de haberle robado 1.500 dólares en efectivo a un conductor durante un retén vehicular en la capital santafesina.

El episodio tuvo lugar el viernes pasado alrededor de las 19:00 horas, en la transitada intersección de Bulevar Pellegrini y San Lorenzo. Según consta en la denuncia, la víctima circulaba a bordo de su automóvil acompañado por su hijo de dos años cuando fue interceptado por los uniformados para una inspección de rutina. Al requisar el habitáculo, los agentes divisaron el dinero en moneda extranjera y comenzaron a presionar al conductor.

Intimidación, coima y el robo total

Bajo amenazas de demorarlo y secuestrarle el vehículo, los efectivos le exigieron al automovilista una entrega de dinero para dejarlo continuar. Sintiéndose acorralado y desprotegido, el hombre accedió y les entregó 400 dólares.

Sin embargo, la maniobra delictiva no terminó ahí. Pocas cuadras después de haber retomado su marcha, la víctima revisó sus pertenencias y advirtió con indignación que los policías también le habían sustraído los 1.100 dólares restantes que llevaba guardados.

Atrapados con las manos en la masa

Tras sufrir el robo, el conductor se dirigió inmediatamente a la sede de la Dirección Provincial de Asuntos Internos para radicar la denuncia. La respuesta de la fuerza fue rápida: se montó un operativo cerrojo de urgencia para localizar a los sospechosos en la calle y, al interceptarlos pocas horas después, el resultado de la requisa fue contundente.

Las pruebas recolectadas los hundieron al instante:

  • A uno de los policías se le secuestraron 1.100 dólares en efectivo.

  • Al segundo agente se le encontraron los 400 dólares de la coima original.

Además del dinero recuperado, el fiscal de la causa ya sumó al expediente judicial los registros del sistema de geolocalización (GPS) de los patrulleros involucrados y las filmaciones de las cámaras de videovigilancia de la zona, que confirman la secuencia.

Identificados y camino a la imputación

Los dos policías acusados fueron identificados oficialmente como Leandro C. y Pablo P. Ambos permanecen tras las rejas a la espera de la audiencia imputativa que se desarrollará en los tribunales santafesinos en los próximos días.

La causa quedó bajo la órbita del fiscal de Violencia Institucional del Ministerio Público de la Acusación, Ezequiel Hernández, quien evalúa encuadrar el hecho bajo las figuras penales de presunto hurto agravado por la condición de miembros de una fuerza de seguridad o exacciones ilegales. En la audiencia también se definirá la prisión preventiva para ambos suboficiales.

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Polémica en el MPA: Investigan a la fiscal de Rosario que liberó al hijo del presidente de Central tras el hallazgo de un arma

La Auditoría de Gestión evaluará el desempeño de la fiscal Raquel Almada por dejar en libertad a cuatro jóvenes demorados en un Peugeot 208 con un revólver calibre .22. Entre los beneficiados está Matías Belloso, hijo del dirigente canalla, y un sospechoso vinculado a apuestas clandestinas. El caso pasó a manos del fiscal Fernando Dalmau.

Ailén Lazarte

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Escándalo institucional en los tribunales rosarinos

Una polémica resolución judicial tomada en el Gran Rosario desató un fuerte temblor institucional dentro del Ministerio Público de la Acusación (MPA). La Auditoría de Gestión inició una investigación interna sobre el desempeño de la fiscal Raquel Almada, luego de que ordenara la liberación de cuatro jóvenes que habían sido demorados por la Policía tras hallarse un arma de fuego oculta en el auto en el que se movilizaban.

El foco del escándalo radica en que uno de los ocupantes del vehículo era Matías Belloso (26 años), hijo de Gonzalo Belloso, actual presidente de Rosario Central. El joven recuperó la libertad de inmediato y ni siquiera quedó formalmente imputado en la causa. Ante el malestar generalizado en los tribunales, el expediente le fue retirado a Almada y reasignado de urgencia al fiscal Fernando Dalmau.

El operativo en Granadero Baigorria

Los hechos se desencadenaron la tarde del pasado 29 de junio en la localidad vecina de Granadero Baigorria. Un llamado al 911 alertó al Comando Radioeléctrico sobre la presencia de dos hombres presuntamente armados que estaban amenazando a personas e intentando ingresar por la fuerza a una vivienda ubicada en la intersección de Estanislao López y Pancho Ramírez.

Al arribar al lugar, las patrullas observaron a dos sospechosos que huían a pie y se subían a un automóvil Peugeot 208 que los esperaba con otros dos jóvenes a bordo. Tras interceptar el rodado e identificar a los ocupantes, los uniformados requisaron el habitáculo y hallaron un revólver calibre .22 largo debajo de uno de los asientos. Los cuatro implicados fueron trasladados a la comisaría 24ª, pero pocas horas después la fiscal Almada resolvió imputar únicamente a un ocupante por tenencia ilegítima de arma de fuego, dándole la libertad irrestricta al resto, incluido Belloso.

 Los antecedentes del caso: Apuestas clandestinas y barras

La causa cobró mayor gravedad institucional al analizarse el perfil de los otros jóvenes que acompañaban al hijo del dirigente de Central:

  • La conexión con las apuestas: Otro de los liberados en el Peugeot 208 fue Fausto Carbajo, un joven mencionado en un expediente por presuntas apuestas clandestinas virtuales. Carbajo cuenta con una denuncia penal presentada por el futbolista Jonatan Gómez (ex-Central y Racing, actual Sarmiento de Junín), quien lo acusó de haber irrumpido en una concentración de Racing para extorsionarlo y exigirle bajo intimidación el pago de una supuesta deuda de juego de 505.000 dólares.

  • El antecedente en Mar del Plata: Para Matías Belloso tampoco es el primer roce con la justicia penal. En enero de 2021 quedó involucrado en la investigación por una brutal golpiza a un joven a la salida del boliche Ananá en Mar del Plata. En aquella ocasión, Belloso zafó tras declarar, mientras que terminaron detenidos otros dos jóvenes; uno de ellos era Andrés Guillermo Bracamonte, hijo de «Andresito» Bracamonte, el histórico jefe de la barra de Central asesinado a fines de 2024.

Giro en los protocolos: Ordenan endurecer los criterios

La polémica desatada por el criterio de la fiscal Almada obligó a una reacción inmediata de las altas esferas del MPA. El jefe de los fiscales de Rosario, Matías Merlo, emitió una dura circular interna con carácter obligatorio para unificar los procedimientos ante delitos de flagrancia vinculados a armas en la vía pública.

A partir de esta nueva directiva, los fiscales rosarinos quedan obligados a:

  1. Disponer de manera impostergable el secuestro y peritaje de los teléfonos celulares de todos los aprehendidos en el lugar.

  2. Evaluar con máxima prioridad el pedido de prisión preventiva, entendiendo que el uso y portación ilegal de armas de fuego representa un riesgo directo y concreto para la seguridad pública de la región.

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