Claves para ahorrar. ¿Está barato el dólar en la Argentina?
Los economistas advierten que el tipo de cambio es alto en relación a otros períodos históricos, pero plantean que la incertidumbre, las expectativas de devaluación, la brecha cambiaria y la inflación alimentan la compra de divisas
Acuánto subió!? Está regalado. Comprá». El humorista Roberto Moldavksy suele remitirse a sus años como vendedor de indumentaria en Once para describir el fenómeno del dólar en la Argentina. Más allá de la ironía y las particularidades de su sector, la escena sintetiza mucho de lo que el movimiento de la moneda estadounidense genera en los argentinos.
Referencia hace décadas para inversores y ahorristas, la coyuntura ubicó nuevamente al dólar en el centro de la agenda. Porque mientras las brechas con los paralelos superan el 80%, más de cuatro millones de argentinos colapsan los homebankings para comprar los US$200 al tipo de cambio oficial habilitados por el cepo cambiario, y abren paso a la pregunta: ¿está barato el dólar en la Argentina?
La respuesta -como para casi todas las preguntas- es depende. La foto entre los distintos tipos de cambio muestra que, en términos relativos, el oficial está barato. Los $73,73 al que opera el mercado mayorista, al que recurren importadores y exportadores, está por debajo de los $129 del dólar MEP, los $133 del dólar contado con liqui y los $137 del dólar blue.
«El dólar oficial se percibe como barato. La prueba es la brecha con respecto a los paralelos. Ahora bien, cuán barato es, no lo veo tan claro», plantea Melisa Sala, economista jefa de la consultora LCG.
Esa percepción alimenta la demanda de los ahorristas. En enero de 2020, poco más de 500.000 personas compraron dólares billetes, según datos del Banco Central, mientras que en junio, fueron 3,3 millones. Aún sin cifras oficiales, se estima que en julio y agosto fueron más de 4 millones de individuos quienes cambiaron pesos por la divisa estadounidense.
Esa compra mira más al futuro que al presente. Décadas de inestabilidad e inflación convirtieron al dólar en la referencia para el ahorro de millones de argentinos. Y mientras el BCRA emite pesos a niveles récord por la cuarentena y habilita mini-devaluaciones diarias del tipo de cambio oficial, las expectativas de los ahorristas marcan que el precio de la moneda será más caro mañana. Y así, crece el apuro por desprenderse de pesos que, inversamente, alcanzarán para comprar menos cosas en el futuro.
En lo que va del año, el dólar oficial controlado con el cepo subió un 23%, mientras que la inflación acumulada (anestesiada con congelamiento de tarifas de servicios públicos, precios máximos y recesión) hasta agosto no superará el 17%. En igual período, las cotizaciones paralelas subieron más del 78%.
Las expectativas y la incertidumbre sobre lo que vendrá terminan determinando el presente, con un mercado de cambios condicionado por el cepo y la brecha. Además del dólar ahorro, el esquema incentiva a las importaciones y genera desincentivos a la exportación, fuente a su vez de divisas genuinas. En otras palabras, hay más demanda (ahorristas, importadores) y menos oferta, la presión crece sobre el Banco Central.
Entre debates internos y desmentidas sobre el futuro del dólar ahorro, Miguel Pesce lleva vendidos US$738 milllones en agosto para intentar sostener el tipo de cambio. La contracara es la caída en las reservas netas, que enciende las alarmas. «Ya perdió el 10% en un mes, y no queda para mucho tiempo. Si sigue perdiendo a este ritmo, o se queda sin reservas o tiene que convalidar una suba del dólar», sintetiza Juan Ignacio Paolicchi, economista de Eco Go.
Otra forma de analizar si el dólar está barato, más allá de la percepción de los ahorristas, es ver la dinámica macroeconómica. Si bien la coyuntura está condicionada por la recesión que atraviesa el país y la crisis derivada de la pandemia que afecta el comercio y al turismo internacional (otra de las fuertes vías de salida de dólares del país), hoy la Argentina tiene una balanza comercial positiva.
«La Argentina hoy exporta más de lo que importa, por lo que no habría grandes problemas en ese sentido, más allá de alguna rama o industria particular», dice Matías Rajnerman, economista jefe de Ecolatina. Según datos del Indec, en los últimos 12 meses el saldo arroja un superávit de US$18.452 millones. El inconveniente es que esa es la única ventanilla que hoy atiende para ofrecer dólares, cuando muchos (ahorristas, importadores) quieren comprar.
Dólar: la película
Más allá de la coyuntura, la mirada sobre el valor del dólar cambia de contexto si se analiza a lo largo de los años. «Hay un nivel de incertidumbre muy alto, que hace que la gente siga demandando dólares. Pero en términos históricos, el precio del dólar está caro, tanto en el mercado oficial como en el paralelo», sintetiza Rajnerman.
Restado el efecto de la inflación, si se toma el valor del dólar oficial el tipo de cambio real hoy está en niveles similares a los del final de 2007 (comenzaba a declinar mientras se aceleraba la suba de precios) y no reflejaría problemas de competitividad. Ese año, por ejemplo, las exportaciones locales crecieron un 20%, dinamizadas fuertemente por el boom del precio internacional de las commodities que hoy no se verifica.
La comparación, si se analiza el valor del dólar paralelo, la distancia es aún mayor. «Con respecto al overshooting [] de la salida de la Convertibilidad, cuando el dólar llegó a $2,75, hoy el ‘contado con liqui’ equivaldría a $3,46. Es un 25% más alto», dice Paolicchi. En otras palabras, ese tipo de cambio paralelo refleja un valor altísimo para la divisa estadounidense.
«En esos años tenías superávit comercial y fiscal, no se habían atrasado tanto las tarifas, no tenías el nivel de gasto público de hoy y el precio internacional de las commodities sumaba a tu competitividad. La historia muestra que hoy el tipo de cambio es caro en términos relativos, pero que la demanda siga alta está diciendo algo», resume el economista.
No obstante, la coyuntura también impone sus condicionamientos. Porque el valor ‘competitivo’ del dólar oficial no es el que llega a los exportadores. El esquema de retenciones vigente a la soja implica que el exportador recibe alrededor de $45 por cada dólar exportado. Si se toma ese valor, la brecha con los paralelos supera el 200%. La reacción, entre muchos, es evitar vender y preservar la cosecha en silobolsas.
Con más compradores que personas dispuestas a vender, aún a un precio alto, la dinámica es un tema urgente para el Gobierno. «La consecuencia, hay un desequilibrio que es necesario atender, dado por la mayor demanda que oferta de divisas. Con este nivel de reservas netas, el rojo del Banco Central no es sostenible más allá del futuro inmediato», agrega Rajnerman.
Según Paolicchi, «si la gente opera a estos valores del dólar entonces quiere decir que espera un tipo de cambio más alto hacia adelante o que hoy está barato, porque se proyecta que toda la emisión de pesos que se hizo en estos meses va a terminar en el dólar». Por eso, dice que una de las claves es «dar una señal fiscal y mostrar que este nivel de déficit es transitorio». «Así, la presión cambiaria se puede ir moderando, porque el Banco Central puede reducir la necesidad de asistir al Tesoro y al mismo tiempo, tener espacio para dejar de vender tantos dólares».
Santa Fe impulsa un programa para que trabajadores estatales regularicen deudas descontadas de sus haberes
El gobierno santafesino presentó una iniciativa destinada a empleados públicos que mantienen préstamos o compromisos financieros con descuentos automáticos en el sueldo. El objetivo es ordenar el sistema de deducciones y ofrecer alternativas para cancelar o refinanciar esas obligaciones.
El gobierno de la Provincia de Santa Fe anunció la implementación de un nuevo programa orientado a empleados públicos que tienen deudas cuyos pagos se realizan mediante descuentos directos en sus salarios. La medida busca brindar herramientas para que los trabajadores puedan regularizar esas obligaciones y reorganizar su situación financiera.
El plan apunta principalmente a quienes mantienen compromisos con entidades financieras, mutuales o cooperativas que utilizan el sistema de “código de descuento”, un mecanismo que permite debitar automáticamente las cuotas desde el recibo de sueldo del trabajador.
Según explicaron desde la administración provincial, el objetivo central es ordenar el funcionamiento de este sistema y evitar que los descuentos terminen afectando de manera excesiva el ingreso mensual de los empleados estatales. En muchos casos, las deducciones acumuladas reducen significativamente el salario disponible para afrontar gastos cotidianos.
La iniciativa contempla distintas alternativas para los trabajadores, entre ellas la posibilidad de cancelar anticipadamente algunas deudas o acceder a esquemas de refinanciación que permitan reorganizar los pagos en condiciones más accesibles. De esta manera, se busca que los empleados puedan recuperar margen dentro de sus ingresos mensuales.
Además, el programa prevé revisar el funcionamiento del sistema de códigos de descuento y establecer reglas más claras para las entidades que operan bajo esta modalidad. La intención del gobierno es transparentar el proceso y garantizar que los trabajadores tengan mayor control sobre los montos que se debitan de sus haberes.
La medida forma parte de una serie de acciones impulsadas por la gestión del gobernador Maximiliano Pullaro, que en los últimos meses ha planteado la necesidad de revisar distintos mecanismos administrativos vinculados al empleo público y a la situación financiera de los agentes estatales.
De acuerdo con estimaciones oficiales, el sistema de descuentos por código involucra a miles de trabajadores de la administración provincial, entre ellos docentes, personal de salud, policías y empleados de diversas áreas del Estado.
Con esta iniciativa, el gobierno santafesino busca avanzar en una reorganización del esquema de deducciones salariales y ofrecer a los empleados públicos una vía para ordenar sus deudas, en un contexto económico en el que el endeudamiento personal se ha convertido en una preocupación creciente para muchos trabajadores.
Paro marítimo paraliza exportaciones y sacude la economía en Argentina
Un conflicto gremial de fuertes consecuencias impacta de lleno en los principales puertos del país, con especial gravedad en el complejo exportador de Rosario y una protesta que pone en tensión las relaciones entre el Gobierno, los sindicatos y la economía nacional.
Un amplio paro de 48 horas lanzado por los trabajadores marítimos argentinos ha dejado prácticamente inactiva la actividad portuaria en Rosario y otras terminales estratégicas, afectando la salida y carga de barcos con cereales, oleaginosas y otros productos agroindustriales que son esenciales para la economía del país y su rol como uno de los mayores exportadores agrícolas del mundo.
La medida de fuerza fue iniciada por la Federación Sindical Marítima y Fluvial (FESIMAF) el miércoles último en rechazo al proyecto de “Modernización Laboral” que impulsa el presidente Javier Milei, actualmente en debate en el Congreso tras su aprobación en el Senado. Para los gremios, la reforma representa un retroceso en derechos fundamentales, en particular por cambios como la exclusión de navegantes de la Ley de Contrato de Trabajo y la limitación del derecho de huelga.
Gustavo Idigoras, presidente de la cámara de exportadores CIARA-CEC, declaró que la paralización de 48 horas está “conduciendo las actividades agroexportadoras a un completo punto muerto”, advirtiendo que barcos no pueden completar sus operaciones de carga y que muchas operaciones están estancadas en el puerto de Rosario, un nodo clave del comercio internacional de granos.
La protesta se da en un contexto de alta conflictividad social y sindical en Argentina por la discusión de la reforma laboral. El paro marítimo se articuló con una huelga general de 24 horas organizada por la Confederación General del Trabajo (CGT), con un acatamiento que los dirigentes sindicales estimaron superior al 90 % en múltiples sectores productivos, transporte y servicios. Esa huelga también afectó buses, subtes y vuelos en grandes centros urbanos del país.
Desde el sector sindical se advirtió además que la reforma no sólo reduce ciertas compensaciones y derechos adquiridos, sino que también podría desfinanciar protecciones históricas del trabajador argentino, lo que ha generado un amplio rechazo de federaciones gremiales más allá del sector marítimo.
Por su parte, el Gobierno de Milei defiende su iniciativa como una modernización del mercado laboral, destinada a atraer inversiones, dinamizar el empleo formal y flexibilizar regulaciones que, según el oficialismo, obstaculizan el crecimiento económico. Sin embargo, la fuerte respuesta sindical y social evidencia la magnitud de la oposición política que enfrenta el proyecto.
Mientras el proyecto continúa su camino legislativo y se esperan nuevas jornadas de debate y protestas, el conflicto ya ha dejado una marca tangible en la economía argentina: la paralización de exportaciones en un momento clave para las cadenas productivas y la logística agroindustrial, especialmente en Rosario, un centro neurálgico para las ventas externas que alimentan tanto los mercados internacionales como la propia economía nacional.
La inflación continúa siendo uno de los principales ejes de preocupación económica en Argentina. Si bien los últimos relevamientos privados marcan una desaceleración en el ritmo mensual de aumento de precios, el nivel acumulado sigue impactando en el poder adquisitivo de los salarios.
Especialistas señalan que la moderación en algunos rubros responde a una menor emisión monetaria y a una caída en el consumo. Supermercadistas y comerciantes coinciden en que los clientes priorizan productos esenciales, buscan promociones y reducen compras impulsivas.
Cambios en los hábitos de compra
En góndolas se observa una mayor inclinación hacia segundas marcas y envases más pequeños. También creció el uso de billeteras virtuales y descuentos bancarios como estrategia para amortiguar el impacto de los aumentos.
En paralelo, algunos sectores —como alimentos frescos y servicios— siguen mostrando variaciones por encima del promedio, lo que mantiene la presión sobre el presupuesto familiar.
Expectativas hacia adelante
Analistas económicos sostienen que el desafío no es solo bajar la inflación mensual, sino consolidar una tendencia sostenida que permita recuperar previsibilidad. La evolución del tipo de cambio, las tarifas y los acuerdos salariales serán variables clave en los próximos meses.
Mientras tanto, la dinámica inflacionaria continúa marcando el pulso de la economía cotidiana y condicionando decisiones tanto del Gobierno como del sector privado.