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Policiales

Consultó por la sucesión y se enteró que en tres días le remataban la casa

Dos hermanos rosarinos luchan en la Justicia por la vivienda que su madre les dejó al fallecer y que estuvieron a punto de perder por maniobras sospechosas que descubrieron justo a tiempo.

Ailén Lazarte

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Estela (*), es rosarina y tiene 57 años. En junio de 2016 murió su mamá, dejando a ella y su hermano como herencia una casa en Marcos Paz al 6153, en la zona oeste de la ciudad. Iniciaron los trámites de sucesión y, mientras tanto, decidieron poner la propiedad en venta. Pero los planes se alteraron de pronto al descubrir una maniobra oscura y que no es nueva.

Con la parte del dinero que le correspondiera Estela pensaba empezar a pagar un departamento, su vivienda propia. La posibilidad se le presentaba, como a la mayoría, tras una pérdida importante.

Ya había pasado más de un año y el trámite de sucesión no salía. Era octubre de 2017 y Estela sentía que algo no andaba del todo bien. Conociendo su angustia, un grupo de amigos decidió consultar el estado del trámite en mesa de entrada del juzgado civil y comercial, y fue así que supieron que en tres días, el 6 de octubre de 2017, le remataban la propiedad heredada. Allí inició una lucha que continúa al día de hoy.

La abogada de la damnificada Florencia Fortuna Tapia asegura que «fue una situación de consternación para mi representada, que no entendía qué había pasado, nunca había sido notificada de deuda alguna, ni conocía al abogado que litigaba contra ella por el pago de honorarios con la sucesión de esa misma propiedad».

«Empezamos a rastrear los expedientes para determinar qué había pasado y ahí nos encontramos con lo que consideramos una estafa, que se está intentando llevar adelante. Hablo en presente porque al día de hoy, y por más que se logró frenar el remate hace dos años, la propiedad sigue el peligro», señaló la representante legal.

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La información que encontraron en los expedientes de los trámites de sucesión de la casa no sólo no avala el pedido de honorarios de un abogado al que no conocen, sino en que el lapso de 10 años aparece tres veces reconstruido el expediente por supuestas pérdidas. En una de esas reconstrucciones el abogado D.P.V. aparece como apoderado, pero sin poder que lo avale.

«Él se presentó ante el juzgado pidiendo que le regulen honorarios por la sucesión de la casa en el año 2009, fecha en la que aún la madre de la damnificada estaba viva. Allí hubo un engaño al juzgado que aceptó la actuación y reguló esos honorarios como sí él hubiese actuado en un trámite de sucesión de esa propiedad, cosa que es imposible si no hay poder que lo habilite», detalló la letrada.

Sin dar notificación a las partes de estos supuestos honorarios que le debían, empezó en 2010 un juicio contra Estela y su hermano sin notificarlos. «Hay once órdenes de notificación del juzgado que él incumple, y sin embargo el juicio siguió avanzando sin conocimiento de mi representada. Solo en tres oportunidades el expediente muestra notificaciones, que son inválidas ya que son a domicilios que no corresponden con el domicilio legal de mi defendida», describió Fortuna Tapia.

«En el fuero civil se demostró totalmente que este profesional no sólo no es apoderado ni tiene ningún tipo de patrocinio o poder de ningún tipo, sino que además notificaba irregularmente. A pesar de esto, el juzgado negó el pedido de nulidad de todo el juicio y el remate que es su consecuencia», explicó.

En este sentido añadió que «por todo esto la titular del juzgado fue denunciada ante la Corte Suprema de la justicia provincial por la causal que se presenta en el artículo 7, inciso segundo de la ley 7050, de enjuiciamiento a magistrados», detalló.

Artículo 7 de la Le7 7050, sobre enjuiciamiento a los magistrados.

«Por todo esto hace ya más de un año, yo como abogada interpuse una denuncia penal por estafa procesal. Se trata de un engaño a un juzgado para que le regulen honorarios y con eso el inicio de un proceso de cobro, del cual no notificó para que no se advierta que nadie le debía nada y mediante esta maniobra fraudulenta ejecutar un inmueble por una deuda ilegítima», explicó la abogada.

Luego de muchas idas y vueltas, tras más de un año, recién este mes se llegó a la instancia de imputación. «Es un logro que hoy se esté llegando a la instancia, pero no deja de ser desgastante la serie de irregularidades con las que uno se encuentra, para mí como abogada, mucho más para mi representada que se encuentra peleando contra una serie de irregularidades sistemáticas que hoy mantienen en riesgo de remate su propiedad, aquella con la que esperaba poder comprarse un departamento», puntualizó.

«Quienes perpetúan este tipo de estafas juegan con el factor emocional. Las personas suelen enterarse que se les está por rematar la casa o incluso que se la remataron, y sin hacer muchas averiguaciones paga una deuda inexistente ante la posibilidad de quedarse sin la propiedad», lamentó la abogada. «El atino de la damnificada que represento es no haber cedido a este factor sorpresa y emocional que utilizan quienes buscan perpetuar la estafa, y dirimir esto ante la justicia», expresó

«Queremos dar a conocer esto, porque entendemos que es de una gravedad institucional inusitada ya que se estaría usando la administración de justicia con el objetivo de adquirir un inmueble con una deuda ilegítima, para subastar la propiedad a un precio irrisorio», explicó.

Las sospechas entorno al caso son muchas y más que una situación particular, todo parece vislumbrar una red de estafa con fines de desarrollo inmobiliario. De hecho el abogado al que denuncian tiene a su nombre dos razones sociales, cuyo objeto social dentro de las actividades que declara se encuentran cuestiones vinculadas al negocio inmobiliario.

Este miércoles se iba a llevar adelante la audiencia imputativa por el delito de estafa procesal contra R.P.V. pero no se ajustó a derecho y no se presentó. El abogado está en rebeldía. «Lo más grave de todo esto es que aquí hay un abogado ejerciendo y que va a ser imputado», concluyó la abogada de la víctima.

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Policiales

Giro de horror en Rosario: caen nueve policías acusados de prender fuego vivo a un hombre en un operativo

Una mentira oficial que se sostuvo durante dos años terminó de desmoronarse por completo. Nueve efectivos de la Policía de Santa Fe fueron detenidos en las últimas horas y serán llevados a audiencia imputativa el próximo martes, acusados de un aberrante caso de violencia institucional: haber rociado con alcohol y prendido fuego a un hombre durante un procedimiento, para luego armar un acta falsa y hacer pasar el ataque como un accidente doméstico.

Ailén Lazarte

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El hecho, que permanecía bajo un manto de impunidad, ocurrió el 27 de mayo de 2024 en la calle Larrechea al 1900, en la zona norte de Rosario. Aquella jornada, los uniformados irrumpieron en el lugar en el marco de un operativo de flagrancia por narcomenudeo, donde detuvieron a un grupo de personas con estupefacientes. En medio del despliegue, Raúl Andrés A., de 42 años, sufrió quemaduras críticas en todo su cuerpo.

La primera versión que los policías plasmaron en los papeles oficiales fue burda: aseguraron que el sospechoso había intentado quemar una mochila para destruir evidencia y que, de manera accidental, las llamas lo habían alcanzado. Sin embargo, tras una minuciosa investigación penal y la intervención de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad, la verdad salió a la luz. La propia víctima, quien logró sobrevivir tras pasar meses en terapia intensiva, relató el horror en primera persona: los efectivos le vertieron una botella de alcohol etílico sobre el cuerpo y, con total crueldad, le acercaron fuego.

Las secuelas para Raúl Andrés A. son devastadoras y definitivas: quedó traqueotomizado, con el cuerpo cubierto de cicatrices y con la pérdida total de la voz.

El próximo martes, el fiscal Pablo Socca sentará en el banquillo de los acusados a los nueve implicados bajo una catarata de cargos que anticipa penas altísimas. La imputación principal será por tentativa de homicidio calificado por alevosía, ensañamiento y por ser miembros de una fuerza de seguridad. A esto se le sumarán los delitos de falsedad ideológica (por inventar el acta), amenazas coactivas, encubrimiento agravado e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Los policías que terminaron tras las rejas y enfrentan la destitución inmediata fueron identificados oficialmente como David Z., Omar C., Juan José Feliciano G., Maximiliano O., Jesús B., Maximiliano C., Isaias B., Estela B. y Maria Eugenia N., desnudando una trama de complicidad corporativa que la Justicia santafesina busca desmantelar de raíz.

El hecho, que permanecía bajo un manto de impunidad, ocurrió el 27 de mayo de 2024 en la calle Larrechea al 1900, en la zona norte de Rosario. Aquella jornada, los uniformados irrumpieron en el lugar en el marco de un operativo de flagrancia por narcomenudeo, donde detuvieron a un grupo de personas con estupefacientes. En medio del despliegue, Raúl Andrés A., de 42 años, sufrió quemaduras críticas en todo su cuerpo.

La primera versión que los policías plasmaron en los papeles oficiales fue burda: aseguraron que el sospechoso había intentado quemar una mochila para destruir evidencia y que, de manera accidental, las llamas lo habían alcanzado. Sin embargo, tras una minuciosa investigación penal y la intervención de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad, la verdad salió a la luz. La propia víctima, quien logró sobrevivir tras pasar meses en terapia intensiva, relató el horror en primera persona: los efectivos le vertieron una botella de alcohol etílico sobre el cuerpo y, con total crueldad, le acercaron fuego.

Las secuelas para Raúl Andrés A. son devastadoras y definitivas: quedó traqueotomizado, con el cuerpo cubierto de cicatrices y con la pérdida total de la voz.

El próximo martes, el fiscal Pablo Socca sentará en el banquillo de los acusados a los nueve implicados bajo una catarata de cargos que anticipa penas altísimas. La imputación principal será por tentativa de homicidio calificado por alevosía, ensañamiento y por ser miembros de una fuerza de seguridad. A esto se le sumarán los delitos de falsedad ideológica (por inventar el acta), amenazas coactivas, encubrimiento agravado e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

Los policías que terminaron tras las rejas y enfrentan la destitución inmediata fueron identificados oficialmente como David Z., Omar C., Juan José Feliciano G., Maximiliano O., Jesús B., Maximiliano C., Isaias B., Estela B. y Maria Eugenia N., desnudando una trama de complicidad corporativa que la Justicia santafesina busca desmantelar de raíz.

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Horror en Empalme Graneros: se multiplican las denuncias por abuso sexual en un jardín de infantes

La comunidad educativa del barrio Empalme Graneros se encuentra atravesada por la angustia y la indignación. En las últimas horas, la tensión frente al Jardín de Infantes N° 234 «Justo José de Urquiza», ubicado en la intersección de las calles Juan José Paso y Larrechea, escaló por completo tras confirmarse que ya suman al menos tres las denuncias formales por presuntos abusos sexuales cometidos contra niños de las salas de 4 y 5 años. Las familias exigen respuestas inmediatas a las autoridades ministeriales y el apartamiento preventivo de todo el personal bajo sospecha.

Ailén Lazarte

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El caso que encendió las alarmas judiciales tuvo como denunciante a la madre de un alumno de 5 años, quien radicó la presentación el pasado lunes ante la Comisaría de la Mujer. Según el crudo relato de la mujer, su hijo comenzó a manifestar cambios drásticos en su conducta y, tras un proceso de contención familiar, logró poner en palabras los ultrajes que presuntamente ocurrían dentro del establecimiento escolar durante el horario de clases.

A partir de la difusión de este primer hecho, el efecto dominó fue inmediato. Otras dos familias de la institución se presentaron ante los Centros Territoriales de Denuncia (CTD) manifestando relatos con alarmantes coincidencias metodológicas y señalando el mismo entorno como escenario de los ataques. La investigación penal quedó centralizada en la Unidad Fiscal de Delitos contra la Integridad Sexual del Ministerio Público de la Acusación (MPA), donde ya se ordenaron las primeras medidas de contención psicológica para las víctimas a través del equipo interdisciplinario de Cámaras Gesell.

Frente a las puertas del establecimiento, un nutrido grupo de padres y vecinos improvisó una protesta con carteles y aplausos para visibilizar el reclamo y exigir que el Ministerio de Educación provincial intervenga la institución de manera urgente. «Queremos saber quién cuidaba a nuestros hijos y por qué nadie vio nada; la dirección del jardín intentó minimizar el tema al principio y eso es complicidad», reclamó con dureza uno de los familiares presentes en la manifestación.

Mientras la Justicia avanza en la recolección de pruebas y peritajes clave para determinar las responsabilidades materiales dentro del jardín, las autoridades educativas dispusieron el inicio de un sumario administrativo interno, aunque para la comunidad afectada, los tiempos de la burocracia estatal corren muy por detrás del dolor y la urgencia de las familias.

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Policiales

El fin de la farsa: cayó en Córdoba uno de los siete prófugos más buscados de Santa Fe

La libertad clandestina de Samuel Elías Reyes terminó en un tranquilo pueblo del interior cordobés. El hombre, que cargaba sobre su espalda con una recompensa de 20 millones de pesos y el peso de ser uno de los criminales más buscados de la provincia de Santa Fe, fue cercado y detenido por la Unidad de Capturas de Alto Perfil (UCAP) de la Policía de Investigaciones (PDI). Lo buscaban por un ensañamiento brutal: el asesinato de Zamir Torres, un nene de apenas 4 años.

Ailén Lazarte

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El operativo que le puso las esposas a Reyes fue el resultado de semanas de inteligencia silenciosa, seguimientos y cruce de datos. El prófugo había elegido como búnker de soga la localidad de La Puerta, a unos 125 kilómetros de la capital cordobesa, creyendo que la distancia lo mantendría a salvo del radar santafesino. Sin embargo, el cerco sobre los fugitivos de máxima peligrosidad se activó con precisión quirúrgica.

El crimen que originó la cacería ocurrió el 9 de julio de 2025 en la ciudad de Frontera, un territorio de menos de 10 mil habitantes donde la violencia ligada al narcomenudeo se escribe con sangre con demasiada frecuencia. Aquella jornada, Brian «Peladito» Martínez —un exconvicto conocido en el ambiente policial— manejaba un Ford Fiesta por las inmediaciones de la calle 7. Sentado entre sus piernas iba su pequeño hijo, Zamir.

La emboscada fue letal. El vehículo fue interceptado y una ráfaga de al menos ocho balazos atravesó el parabrisas. Los atacantes no midieron consecuencias ni tuvieron piedad: «Peladito» Martínez sobrevivió milagrosamente a los impactos en su cuerpo, pero su pequeño hijo Zamir sufrió heridas gravísimas que le quitaron la vida, ante los ojos desesperados de su madre, quien intentó rescatarlo del auto en medio del horror. Horas más tarde, el Fiat Cronos usado por los sicarios —que tenía denuncia de robo en la localidad de Vila— apareció incendiado, en un intento por borrar las huellas.

Para los investigadores, el trasfondo detrás del ataque no es más que otra violenta disputa territorial entre bandas rústicas por el control de la droga en la región fronteriza.

Tras confirmarse la captura de Reyes, el ministro de Seguridad de Santa Fe, Pablo Cococcioni, destacó el funcionamiento del programa de recompensas como una pieza clave para quebrar los pactos de silencio: “Son delincuentes y muchas veces quienes conocen su paradero terminan aportando información. Lo importante es que la Justicia pueda actuar y que estas personas respondan por los delitos que cometieron”, remarcó. Ahora, el detenido deberá sentarse frente al tribunal para responder por una balacera que destruyó una familia y dejó una huella imborrable de crueldad en la provincia.

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