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Internacional

Salman Rushdie: así empieza la novela por la que es perseguido a muerte desde 1989

Un nuevo intento de asesinato del escritor perseguido por extremistas islámicos reforzó el puesto de “Los versos satánicos” en el podio de los libros más polémicos de la historia. Leé un fragmento.

Ailén Lazarte

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Salman Rushdie: así empieza la novela por la que es perseguido a muerte desde 1989

Hay libros que, por su carácter controversial, disruptivo o contestatario, han pasado a la historia más por sus polémicas que por sus contenidos. No es necesario haber leído novelas como Lolita, El amante de Lady Chatterley o Matar a un ruiseñor para estar al tanto del revuelo que cada una ha generado al momento de su publicación, revuelo que, en muchos casos, permanece intacto varias décadas después.

Uno de los casos más destacados es el de Los versos satánicos, libro que volvió a estar en el ojo de la tormenta después del intento de asesinato que sufrió su autor, Salman Rushdie, mientras daba una conferencia en Nueva York el pasado 12 de agosto. Este ataque, sin embargo, lejos está de ser el primero que recibe el escritor británico-estadounidense de origen indio.

Publicado en 1988, Los versos satánicos desató una controversia mundial sin precedentes: en pocos meses fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bombas, manifestaciones, quemas de libros y atentados con decenas de víctimas fatales. Pero, lejos de amainar con el tiempo, su polémica solo creció.

Hadi Matar (24), acusado de apuñalar repetidas veces en el cuello a Rushdie (AP Photo/Gene J. Puskar).Hadi Matar (24), acusado de apuñalar repetidas veces en el cuello a Rushdie (AP Photo/Gene J. Puskar).

En 1989, el ayatolá Ruhollah Jomeiní, líder supremo de Irán, dio inicio a la fatwā contra Rushdie: una persecución a muerte al autor y a todos lo que estuvieran involucrados en la traducción, edición, distribución de su libro. “Comunico al orgulloso pueblo musulmán del mundo que el autor del libro Los versos satánicos —libro contra el islam, el Profeta y el Corán— y todos los que hayan participado en su publicación conociendo su contenido están condenados a muerte. Pido a todos los musulmanes que los ejecuten allí donde los encuentren”, expresó Jomeiní, según cuenta Rushdie en Joseph Anton, Memorias del tiempo de la fatua, libro en el que detalla con minucia esta polémica.

El autor, sin embargo, no esperaba que Los versos satánicos, su cuarta novela, tuviera esas repercusiones, dado que su contenido era menos controversial que el de sus libros anteriores: “ Era una exploración mucho más íntima, personal, un primer intento de crear una obra a partir de su propia experiencia de emigración y metamorfosis. Era el libro menos político de los tres. Y el material basado en el origen del Islam (…) mostraba esencialmente admiración por el Profeta del Islam e incluso respeto”, escribe en Joseph Anton, Memorias del tiempo de la fatua.

Por fortuna, este último intento de asesinato, en el que un joven de 24 años lo apuñaló repetidas veces en el cuello, no fue letal. Después de ser internado de urgencia con heridas graves, Rushdie recuperó el habla y ya respira por sus propios medios. Pasó el susto. La fatwā continúa.

Así empieza “Los versos satánicos”, de Salman Rushdie

«Para volver a nacer —cantaba Gibreel Farishta mientras caía de los cielos, dando tumbos— tienes que haber muerto. ¡Ay, sí! ¡Ay, sí! Para posarte en el seno de la tierra, tienes que haber volado. ¡Ta-taa! ¡Takachum! ¿Cómo volver a sonreír si antes no lloraste? ¿Cómo conquistar el amor de la adorada, alma cándida, sin un suspiro? Baba, si quieres volver a nacer…»

Amanecía apenas un día de invierno, por el Año Nuevo poco más o menos, cuando dos hombres vivos, reales y completamente desarrollados, caían desde gran altura, veintinueve mil dos pies, hacia el canal de la Mancha, desprovistos de paracaídas y de alas, bajo un cielo límpido.

«Yo te digo que debes morir, te digo, te digo…», y así una vez y otra, bajo una luna de alabastro, hasta que una voz estentórea rasgó la noche:

«¡Al diablo con tus canciones! —Las palabras pendían, cristalinas, en la noche blanca y helada—. En tus películas sólo movías los labios porque te doblaban, así que ahórrame ahora ese ruido infernal.»

Gibreel, el solista desafinado, hacía piruetas al claro de luna, mientras cantaba su espontáneo gazal, nadando en el aire, ora mariposa, ora braza, enroscándose, extendiendo brazos y piernas en el casi infinito del casi amanecer, adoptando actitudes heráldicas, ora rampante, ora yacente, oponiendo la ligereza a la gravedad. Rodó alegremente hacia la sardónica voz. «Hola, compañero, ¿eres tú? ¡Qué alegría! ¿Qué hay, mi buen Chamchito?» A lo que el otro, una sombra impecable que caía cabeza abajo en perfecta vertical, con su traje gris bien abrochado y los brazos pegados a los costados, tocado, como lo más natural del mundo, con extemporáneo bombín, hizo la mueca propia del enemigo de diminutivos. «¡Eh, paisano! —gritó Gibreel, provocando otra mueca invertida—. ¡Es el mismo Londres, chico! ¡Allá vamos! Esos cabritos de ahí abajo no sabrán lo que se les vino encima, si un meteoro, un rayo o la venganza de Dios. Llovidos del cielo, muñeca. ¡Puummmmba! Cras, ¿eh? ¡Qué entrada, Yyyaaa! Yo te digo… Flas.»

Llovidos del cielo: un big bang seguido de catarata de estrellas. Un principio de Universo, un eco en miniatura del nacimiento del tiempo… el jumbo Bostan, vuelo AI-420 de la Air India, estalló sin previo aviso a gran altura sobre la grande, putrefacta, hermosa, nivea y resplandeciente ciudad de Mahagonny, Babilonia, Alphaville. Claro que Gibreel ya ha pronunciado su nombre, de manera que yo no puedo interferir: el mismo Londres, capital de Vilayet, parpadeaba, centelleaba y se mecía en la noche. Mientras, a una altura de Himalaya, un sol fugaz y prematuro estallaba en el aire cristalino de enero, un punto desaparecía de las pantallas de radar y el aire transparente se llenaba de cuerpos que descendían del Everest de la catástrofe a la láctea palidez del mar.

¿Quién soy yo?

¿Quién más está ahí?

Este no es el primer ataque que recibe Rushdie de parte de extremistas islámicos. "Los versos satánicos" fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bomba y atentados con víctimas fatales. (AP Photo)Este no es el primer ataque que recibe Rushdie de parte de extremistas islámicos. «Los versos satánicos» fue víctima de censuras, prohibiciones, amenazas de bomba y atentados con víctimas fatales. (AP Photo)

El avión se partió por la mitad, como vaina que suelta las semillas, huevo que descubre su misterio. Dos actores, Gibreel, el de las piruetas, y el abotonado y circunspecto Mr. Saladin Chamcha, caían cual briznas de tabaco de un viejo cigarro roto. Encima, detrás, debajo de ellos, planeaban en el vacío butacas reclinables, auriculares estéreo, carritos de bebidas, recipientes de los efectos del malestar provocado por la locomoción, tarjetas de desembarque, juegos de vídeo libres de aduana, gorras con galones, vasos de papel, mantas, máscaras de oxígeno… Y también —porque a bordo del aparato viajaban no pocos emigrantes, sí, un número considerable de esposas que habían sido interrogadas, por razonables y concienzudos funcionarios, acerca de la longitud y marcas distintivas de los genitales del marido, y un regular contingente de niños sobre cuya legitimidad el Gobierno británico había manifestado sus siempre razonables dudas—, también, mezclados con los restos del avión, no menos fragmentados ni menos absurdos, flotaban los desechos del alma, recuerdos rotos, yoes arrinconados, lenguas maternas cercenadas, intimidades violadas, chistes intraducibies, futuros extinguidos, amores perdidos, significado olvidado de palabras huecas y altisonantes, tierra, entorno natural, casa.

Un poco aturdidos por el estallido, Gibreel y Saladin bajaban como fardos soltados por una cigüeña distraída de pico flojo, y Chamcha, que caía cabeza abajo, en la posición recomendada para el feto que va a entrar en el cuello del útero, empezó a sentir una sorda irritación ante la resistencia del otro a caer con normalidad. Saladin descendía en picado mientras que Farishta abrazaba el aire, asiéndolo con brazos y piernas, con los ademanes del actor amanerado que desconoce las técnicas de la sobriedad. Abajo, cubiertas de nubes, esperaban su entrada las corrientes lentas y glaciales de la Manga inglesa, la zona señalada para su reencarnación marina.

«Oh, mis zapatos son japoneses —cantaba Gibreel, traduciendo al inglés la letra de la vieja canción, en semiinconsciente deferencia hacia la nación anfitriona que se precipitaba a su encuentro—, el pantalón, inglés, pues no faltaba más. En la cabeza, un gorro ruso rojo; mas el corazón sigue siendo indio, a pesar de todo.» Las nubes hervían, espumeantes, cada vez más cerca, y quizá fuera por aquella gran fantasmagoría de cúmulos y cumulonimbos, con sus tormentosas cúspides enhiestas a la luz del amanecer, quizá fuera el dúo (cantando el uno y abucheando el otro) o quizás el delirio provocado por la explosión que les evitaba apercibirse de lo inminente…, lo cierto es que los dos hombres, Gibreelsaladin Farischtachamcha, condenados a esta angelicodemoníaca caída sin fin pero efímera, no se dieron cuenta del momento en que empezaba el proceso de su transmutación. ¿Mutación?

Sí, señor; pero no casual. Allá arriba, en el aire-espacio, en ese campo blando e intangible que el siglo ha hecho viable y que se ha convertido en uno de sus lugares definitorios, la zona de la movilidad y de la guerra, la que empequeñece el planeta, la del vacío de poder, la más insegura y transitoria, ilusoria, discontinua y metamórfica —porque, cuando lo arrojas todo al aire, puede ocurrir cualquier cosa—, allá arriba, decía, se operaron, en unos actores delirantes, cambios que habrían alegrado el corazón del viejo Mr. Lamarck: bajo extrema presión ambiental, se adquirieron determinadas características.

¿Qué características respectivamente? Calma, ¿se han creído que la Creación se produce a marchas forzadas? Bien, pues la revelación tampoco… Echen una mirada a la pareja. ¿Observan algo extraño? Sólo dos hombres morenos en caída libre; la cosa no tiene nada de particular, pensarán, treparon demasiado, se pasaron, volaron muy cerca del sol, ¿no es eso? No es eso. Presten atención.

Mr. Saladin Chamcha, consternado por los sonidos que manaban de la boca de Gibreel Farishta, contraatacó con sus propios versos. Lo que Farishta oyó tremolar en el fantasmagórico aire nocturno era también una vieja canción, letra de Mr. James Thomson, mil setecientos a mil setecientos cuarenta y ocho. «… por orden del cielo —entonaba Chamcha con unos labios que el frío ponía patrióticamente rojos, blancos y azules— surgió del aaaazul… —Farishta, consternado, se desgañitaba cantando a los zapatos japoneses, los gorros rusos y los corazones inviolablemente subcontinentales, pero no conseguía ahogar la atronadora voz de Saladin— … y los ángeles de la guaaaarda entonaban el estribillo.»

Desengañémonos, era imposible que se oyeran mutuamente, y no digamos que conversaran y compitieran en el canto de esta manera. Acelerando hacia el planeta, con la atmósfera silbando alrededor, ¿cómo habían de oírse? Pero, desengañémonos nuevamente, se oían.

Se precipitaban hacia abajo y el frío invernal que les escarchaba las pestañas y amenazaba con helarles el corazón estaba a punto de despertarles de su ensueño exaltado, ya iban a percatarse del milagro del canto, de la lluvia de extremidades y de niños de la que ellos formaban parte y del horrible destino que subía a su encuentro cuando, empapándose y congelándose instantáneamente, se sumergieron en la ebullición glacial de las nubes.

ARCHIVO - Salman Rushdie asiste a la 68a ceremonia y cena benéfica del Premio Nacional del Libro, el 15 de noviembre de 2017 en Nueva York. (Foto por Evan Agostini/Invision/AP, archivo)ARCHIVO – Salman Rushdie asiste a la 68a ceremonia y cena benéfica del Premio Nacional del Libro, el 15 de noviembre de 2017 en Nueva York. (Foto por Evan Agostini/Invision/AP, archivo)

Se hallaban en lo que parecía ser un largo túnel vertical. Chamcha, atildado, envarado y todavía cabeza abajo, vio cómo Gibreel Farishta, con su camisa sport color púrpura, nadaba hacia él por aquel embudo con paredes de nube, y quiso gritar: «No te acerques, aléjate de mí», pero algo se lo impidió, un agudo cosquilleo que se iniciaba en sus intestinos, de manera que, en lugar de proferir palabras hostiles, abrió los brazos y Farishta nadó hacia ellos y quedaron abrazados cabeza con pie, y la fuerza de la colisión les hizo voltear y caer haciendo molinetes por el agujero que conducía al País de las Maravillas. Mientras se abrían paso, surgieron de la blancura una sucesión de formas nebulosas, en metamorfosis incesante de dioses en toros, mujeres en arañas y hombres en lobos. Nubes-criaturas híbridas se precipitaban hacia ellos, flores gigantes con pechos humanos colgadas de tallos carnosos, gatos alados y centauros, y Chamcha, en su aturdimiento, tenía la impresión de que también él había adquirido calidad nebulosa y metamórfica, híbrida, como si estuviera convirtiéndose en la persona cuya cabeza estaba inserta entre sus piernas y cuyas piernas se enlazaban alrededor de su largo y estirado cuello.

Aquella persona, empero, no tenía tiempo para tales fantasías; es más, era incapaz de entregarse al más nimio fantaseo. Y es que acababa de ver emerger del remolino de las nubes la figura de una seductora mujer de cierta edad, con sari de brocado verde y oro, brillante en la nariz y moño alto bien defendido por la laca de los embates del viento de las alturas, que viajaba cómodamente sentada en alfombra voladora. «Rekha Merchant — saludó Gibreel—, ¿acaso no has podido encontrar el camino del cielo?»

¡Impertinentes palabras para ser dichas a una muerta! Pero, en descargo del osado, puede aducirse su condición traumatizada y vertiginosa… Chamcha, agarrado a sus piernas, profirió una interrogación de perplejidad: «¿Qué diablos?»

«¿Tú no la ves? —gritó Gibreel—. ¿No ves su recondenada alfombra de Bokhara?»

No, no, Gibbo, susurró en sus oídos la voz de la mujer; no esperes que él confirme. Yo soy única y estrictamente para tus ojos, excremento de cerdo, mi bien. Con la muerte llega la sinceridad, amor, y ahora puedo llamarte por tu nombre.

La nebulosa Rekha murmuraba agrias trivialidades, pero Gibreel gritó otra vez a Chamcha: «Compa, ¿la ves o no la ves?»

Saladin Chamcha no veía, ni oía, ni decía nada. Gibreel se encaró con ella solo. «No debiste hacerlo —la reprendió—. No, señora. Es un pecado. Una enormidad.»

Oh, y ahora me riñes, rió ella. Ahora tú eres el que se da aires de moralidad, qué risa. Tú me dejaste, le recordó su voz al oído, como si le mordisqueara el lóbulo de la oreja. Fuiste tú, luna de mis delicias, el que se escondió en una nube. Y yo me quedé a oscuras, ciega, perdida por amor.

Él empezaba a tener miedo. «¿Qué quieres? No; no me lo digas, sólo márchate.»

Cuando estuviste enfermo, yo no podía ir a verte, por el escándalo; tú sabías que no podía, que me mantenía apartada por tu bien, pero después me castigaste, lo utilizaste de pretexto para marcharte, de nube para esconderte. Eso, y también a ella, la mujer de los hielos. Canalla. Ahora que estoy muerta he olvidado cómo se perdona. Yo te maldigo, mi Gibreel, que tu vida sea un infierno. Un infierno, porque ahí me mandaste, maldito seas, y de ahí viniste, demonio, y ahí vas, imbécil, que te aproveche la jodida zambullida. La maldición de Rekha y, después, unos versos en una lengua que él no entendía, secos y sibilantes, en los que repetidamente creyó distinguir, o tal vez no, el nombre de Al-Lat.

Gibreel se apretó contra Chamcha y salieron de las nubes. La velocidad, la sensación de velocidad volvió, silbando su nota escalofriante. El techo de nubes voló hacia lo alto, el suelo de agua se acercó y ellos abrieron los ojos. Un grito, el mismo grito que aleteaba en su vientre cuando Gibreel nadaba por el cielo, escapó de labios de Chamcha; un rayo de sol taladró su boca abierta liberándolo. Pero Chamcha y Farishta, que habían caído a través de las transformaciones de las nubes, también tenían contorno vago y difuso, y cuando la luz del sol dio en Chamcha, liberó algo más que un grito.

«Vuela —gritó Chamcha a Gibreel—. Echa a volar, ya.» Y, sin saber la razón, agregó lada orden: «Y canta.»

¿Cómo llega al mundo lo nuevo? ¿Cómo nace?

¿De qué fusiones, transubstanciaciones y conjunciones se forma?

¿Cómo sobrevive, siendo como es tan extremo y peligroso? ¿Qué compromisos, qué pactos, qué traiciones a su íntima naturaleza tiene que hacer para contener a la panda de demoledores, al ángel exterminador, a la guillotina?

¿Es siempre caída el nacimiento?

¿Tienen alas los ángeles? ¿Vuelan los hombres?

Quién es Salman Rushdie

♦ Nació en Bombay, India, en 1947.

♦ Es un escritor y ensayista británico-estadounidense de origen indio.

♦ Su segunda novela, Hijos de la medianoche, ganó el Premio Booker en 1981 y fue considerada «la mejor novela de todas las ganadoras» en dos ocasiones, con motivo del 25 y el 40 aniversario del premio.

♦ Recibió amenazas de muerte a causa de su cuarta novela, Los versos satánicos, incluida una fatwā que pedía su asesinato, emitida por el ayatolá Ruhollah Jomeiní, entonces líder supremo de Irán.

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Internacional

Tragedia en el Himalaya: Al menos 98 muertos y cientos de desaparecidos por una riada en la frontera entre Nepal y el Tíbet

Inundaciones repentinas arrasaron pueblos, puentes e infraestructuras hidroeléctricas tras el posible bloqueo y desborde del río Bhote Koshi. Las autoridades sospechan que un sismo de magnitud 4,4 en territorio chino desencadenó un gran desprendimiento de tierra. Hay más de 400 turistas sin contacto.

Ailén Lazarte

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Devastación en la frontera del Himalaya

Una serie de violentas inundaciones repentinas golpeó con dureza a ambos lados de la frontera entre Nepal y el Tíbet (China), dejando un saldo provisional de al menos 98 muertos, cientos de desaparecidos y una vasta red de infraestructuras destruidas.

El desastre afectó con especial severidad al distrito nepalí de Rasuwa, en el norte del país, donde una colosal masa de agua arrasó durante la mañana del miércoles las localidades de Timure, Rasuwagadhi y Syabrubesi, puntos estratégicos ubicados junto a uno de los principales pasos comerciales y terrestres hacia China.

 El saldo humano: Muertos y cientos de incontactables

Según datos de la Oficina del Primer Ministro nepalí difundidos por la agencia EFE, la mayor parte de las víctimas se concentra en su territorio:

  • Víctimas en Nepal: Se recuperaron 95 cadáveres en las zonas impactadas por la crecida del río Bhote Koshi, cuyas tareas de identificación continúan.

  • Víctimas en China: Autoridades del condado tibetano de Gyirong informaron al menos 3 fallecidos y 265 personas sin localizar.

  • Turistas varados y desaparecidos: El balance oficial en Nepal confirmó 484 personas sin contacto, de las cuales 391 son turistas extranjeros y 93 nacionales.

  • Efectivos y trabajadores aislados: Se busca además a 44 miembros del Ejército, 28 policías, 13 agentes de la Fuerza Armada de Policía y 60 operarios de complejos hidroeléctricos.

 La hipótesis del origen: Terremoto y desmoronamiento

El ministro de Asuntos Exteriores de Nepal, Shishir Khanal, explicó que las primeras evaluaciones apuntan a un origen combinado: un sismo registrado durante las primeras horas del día habría provocado un masivo deslizamiento de tierra en territorio tibetano, taponando temporalmente el cauce del río Bhote Koshi hasta que la acumulación de agua rompió el dique natural, desatando la riada descontrolada río abajo.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) confirmó haber registrado a las 2.52 GMT un movimiento telúrico de magnitud 4,4 en la región tibetana cercana a la frontera, con una profundidad de 10 kilómetros y epicentro a 77 kilómetros al nor-noroeste de la localidad nepalí de Kodari.

 Destrucción de rutas y despliegue de rescate

El impacto material en la zona montañosa dificultó seriamente el avance de los equipos de socorro:

  • Se confirmó la destrucción de al menos 19 puentes transitables.

  • Cerca de 40 kilómetros de carreteras quedaron inhabilitados.

  • Diversos proyectos hidroeléctricos sufrieron graves daños en su estructura.

Ante la magnitud de la catástrofe, el gobierno de Nepal declaró el estado de zona de desastre por un plazo de tres meses en todas las áreas afectadas. Asimismo, se ordenó el despliegue de helicópteros militares y privados para la búsqueda de sobrevivientes, la atención médica gratuita de los heridos y la urgente reconstrucción de los servicios de electricidad y telecomunicaciones.

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Internacional

Argentina ofreció ayuda humanitaria a Colombia tras el devastador terremoto de magnitud 7,4

El canciller Pablo Quirno envió sus condolencias al pueblo colombiano tras el sismo que ya dejó más de un centenar de muertos. Confirmó que la Cancillería está en contacto permanente con las autoridades locales y que, hasta el momento, no se registran argentinos entre las víctimas.

Ailén Lazarte

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Solidaridad y disposición de asistencia

El Gobierno argentino expresó su solidaridad y ofreció el envío de asistencia humanitaria a Colombia luego del violento terremoto de magnitud 7,4 que sacudió este lunes al país andino, provocando graves destrozos y la muerte de al menos 111 personas.

A través de un comunicado oficial publicado en sus redes sociales, el canciller argentino Pablo Quirno transmitió el acompañamiento del país ante la emergencia:

«Expresamos nuestra solidaridad con el pueblo y el Gobierno de Colombia ante el terremoto ocurrido hoy, y hacemos llegar nuestras condolencias a las familias de las víctimas y nuestra solidaridad a todos los afectados», sostuvo el titular de la diplomacia argentina.

Quirno confirmó que el Ejecutivo nacional se puso en contacto directo con el gobierno colombiano para poner a disposición la asistencia que resulte necesaria para hacer frente a la catástrofe.

Asimismo, respecto a la situación de los compatriotas en la región afectada, el canciller llevó tranquilidad: «Mantenemos comunicación con nuestra representación consular y, hasta el momento, no se registran ciudadanos argentinos entre las víctimas. Nuestro abrazo a todo el pueblo colombiano en este difícil momento».

Declaración de «Desastre Nacional» y magnitud del sismo

Por su parte, el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, declaró formalmente el estado de «desastre nacional» tras confirmar el primer balance oficial del impacto del sismo: 111 personas fallecidas, 87 heridos, 1.575 viviendas con averías y 37 destruidas por completo, además de 61 edificios colapsados, 18 centros de salud y 52 establecimientos educativos con daños de diversa consideración.

Según el informe del Servicio Geológico Colombiano (SGC), el terremoto de magnitud 7,4 se registró a las 07:34 (hora local) con epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, a una profundidad de 82 kilómetros. El fuerte temblor se sintió con intensidad en gran parte del centro y occidente de la nación sudamericana.

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Internacional

Venezuela cumple un mes del devastador doble terremoto: casi 5.400 muertos y una reconstrucción de más de 19.500 millones de dólares

A cuatro semanas de los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que azotaron el norte del país, el gobierno venezolano y organismos internacionales encaran una compleja etapa de asistencia y reconstrucción. Caracas y La Guaira continúan como las zonas más castigadas, con miles de personas viviendo en campamentos e infraestructura destruida.

Ailén Lazarte

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El impacto del desastre y el saldo de víctimas

A un mes de los potentes sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el norte de Venezuela la tarde del pasado 24 de junio, la nación enfrenta una de las crisis humanitarias e infraestructurales más graves de su historia reciente.

El último balance oficial confirmó un total de 5.398 fallecidos, 16.740 heridos y 6.462 personas rescatadas con vida de entre los escombros. La Guaira y la capital, Caracas, se mantienen como los epicentros de la catástrofe, contabilizando 190 edificaciones totalmente colapsadas y 856 con daños severos.

“A un mes de los terremotos que afectaron al país, honramos la memoria de las víctimas. Nuestro eterno agradecimiento a rescatistas nacionales, internacionales y voluntarios por su valiosa entrega y dedicación al salvar vidas. Venezuela renacerá con el trabajo de todos”, manifestó a través de sus redes sociales el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez.

Actualmente, 23.335 personas permanecen albergadas en 107 campamentos transitorios, mientras que más de 128.000 familias han recibido asistencia directa. Sin embargo, la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) advirtió que unas 6.000 personas continúan durmiendo a la intemperie en la vía pública (aproximadamente 3.000 frente a edificios inestables en Maiquetía y otra cifra similar sobre la Avenida Bolívar de Caracas) en condiciones precarias y sin acceso garantizado a servicios básicos o agua potable.

 Evaluaciones económicas y asistencia internacional

Un informe preliminar presentado por el Banco Mundial estimó que las pérdidas materiales directas ascienden a 19.500 millones de dólares, sugiriendo la creación de alianzas público-privadas para sostener el proceso de reconstrucción. Ante el escenario de desastre, la presidenta Delcy Rodríguez encabezó reuniones con autoridades del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el propio Banco Mundial, organismos que ofrecieron fondos no reembolsables sujetos a auditorías.

El despliegue de respuesta inicial contó con la intervención de más de 19.000 efectivos nacionales y la colaboración de 44 equipos de rescate provenientes de 27 países. Entre los aportes de la comunidad internacional destacan:

  • Estados Unidos: Asistencia por más de 386 millones de dólares y el envío del buque USS Fort Lauderdale.

  • Fondo Monetario Internacional (FMI): Liberación de 346 millones de dólares en fondos multilaterales.

  • Naciones Unidas (ONU): Fondo de respuesta rápida de 15 millones de dólares.

  • UNICEF: Solicitud de 65,7 millones de dólares adicionales para asistir a 470.000 personas (entre ellas 169.000 niños). Hasta el momento, ha distribuido más de 82 toneladas métricas de suministros médicos, potabilizadores de agua y kits infantiles.

  • Cruz Roja y El Vaticano: Aportes de 2 millones de francos suizos y 100.000 euros, respectivamente.

 El plan habitacional «Venezuela Renace»

Para responder a la severa crisis habitacional provocada por los derrumbes, el Ejecutivo lanzó el programa «Venezuela Renace», entregando las primeras 200 viviendas equipadas a familias damnificadas en el sector de Fuerte Tiuna (Caracas).

Las metas oficiales fijadas para mitigar el déficit incluyen:

  1. Entregas mensuales: Adjudicación progresiva de 4.000 viviendas por mes hasta diciembre de 2026.

  2. Proyección 2027: Suministro de 10.000 soluciones habitacionales adicionales.

  3. Reformas normativas: Modificaciones a la Ley de Arrendamiento Urbano y la realización de un censo biométrico para mapear los daños residenciales con precisión.

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